Eugenio Ibarzabal

Tras un viaje a Manresa

Publicado por el 08 Jun 2009

Esta semana tuve la oportunidad de ir a Manresa, donde nunca había estado, en compañía de Isabel Orbañanos, con ocasión de visitar la Escuela Joviat, cuyo equipo de responsables me causó una estupenda impresión. Hay situaciones en las que contactas de inmediato, aunque en los últimos tiempos, y debido a diversas experiencias, suelo poner una distancia a las primeras impresiones. En todo caso, sé que con Joviat se va a confirmar, y además seguiré pensando bien desde el principio porque, en caso contrario, sé que no hay manera sana de vivir. Y habló de Manresa porque estuve en los lugares donde se escribieron los Ejercicios Espirituales: siempre he tenido una gran admiración por un autodidacta como Ignacio de Loyola, que escribió algo que aguanta quinientos años desde la pura experiencia personal.
Pero también estuve por Madrid y ruego a los amigos que tengan la delicadeza de leer estas líneas, que no se pierdan la Exposición de Sorolla en El Prado. No sé lo que les dará a otros, pero yo pasé una hora y media maravillosa. Hasta el jueves estaba resultando, como ven, una semana estupenda.

Pero el viernes me llegaron dos noticias, como siempre vienen: una era buena y otra mala. Y el fin de semana pensé que era un buen reflejo de la vida, que al mismo tiempo nos ofrece luz y oscuridad, aunque no siempre en las mismas proporciones. Esta vez lo malo era más grave que bueno lo agradable.
Es curioso, una de las razones para creer que solo hay que trabajar en el margen de maniobra que uno tiene y que es absurda esa necesidad de planificar la seguridad del futuro, es que no esperaba ni lo malo ni lo bueno que me llegó, con lo que me dije que es muy posible que la semana próxima tal vez llegue algo que haga bueno lo malo y que no sea para tanto eso bueno que hoy me ha animado. Me creo muy listo, pero, fíjense, soy incapaz de prever lo que me va a pasar en los próximos días. No puedo planificar lo que me viene; y es por eso que me dedico a responder lo mejor que puedo a lo que me viene.
La cuestión es cuándo se hace el balance. Si lo hubiera hecho el jueves diría que todo iba estupendamente, pero el viernes ya no era así. Conclusión: el balance es lo que se hace al final de todo, y mientras tanto hay que trotar, no juzgar, y mientras haya una posibilidad, por pequeña que sea, perseverar.

Pero eso significa confiar en que todo es para bien, o dicho de otra manera, que todo esto tiene un sentido, aunque no lo veas a primera vista, ni seguramente en mi caso a la segunda.
Puedes confiar o no, y eres creyente tanto si confías como si no, porque en ambos casos conjugas el verbo creer. Tan solo diré que si crees que esto tiene un sentido, esto te obliga a perseverar; y si por el contrario no crees, puedes abandonar lo que haces, abandonarte y empezar a “disparar” contra todo el que encuentres por delante. Y las dos actitudes son humanas y respetables. No es, pues, cuestión de creer, sino de identificar bien lo qué crees. Es solo una opinión, claro, pero lo cierto es que conseguí salir y aquí estoy nuevamente.

Siendo momento post electoral, una pregunta: ¿no le convendría a la izquierda más o menos extrema preguntarse por qué hay tanta gente que vota a la derecha, a pesar de los Berlusconi de turno, pudiendo hacer algo tan sencillo y sin costo como sería votar a la izquierda?… ¿No será que muchos, a pesar de todo, han preferido votar a la derecha antes que a la izquierda?… ¿Sabrá algún día la izquierda, especialmente la extrema, encontrar algún aspecto autocrítico, más allá de decir que no se ha comunicado bien y llamar imbéciles a los que no les votan?…

Cediendo el testigo

Publicado por el 01 Jun 2009

La semana pasada hablábamos de agradecer, disfrutar y ayudar. Daría un paso más: creo que también estamos para dar paso a otros. Y considero que es algo de lo mejor que le puede suceder a uno: aprender a desaparecer.

El ego se resiste de manera brutal, pero es algo que conviene, a la persona y a las organizaciones. En cuantas organizaciones vemos una resistencia atroz a ceder responsabilidades, de que sin ella…, al tiempo que esa misma persona se queja constantemente de que no puede más. ¿Puedes o no puedes?… ¿Quieres descansar o no?… Espero ser lo suficientemente sensato para irme antes de que mis compañeros consideren que sobro.

Contaré un cuento de los que más me han impactado en mi vida. La leí en “Martes con mi viejo profesor”. Se trata de una ola que va saltando por el mar y lo pasa muy bien. Disfruta del viento y del aire libre, hasta que ve que las demás olas que tiene delante rompen contra la costa.
– Esto es terrible, dice la ola. ¡Mira lo que me va a pasar!..
– Entonces llega otra ola. Ve a la primera ola, que parece afligida, y le dice: ¿por qué estás tan triste?…
– La primera le dice: ¿Es que no entiendes?… Todas vamos a rompernos. Todas las olas vamos a deshacernos. ¿No es terrible?…
– La segunda ola dice: No, eres tú la que no entiende. Tú no eres una ola; formas parte del mar

Pienso en mi hijo en que tal vez haga algún día cosas que yo no he podido hacer. De hecho, ya lo ha hecho, y disfruto de ello.

Hacer y desaparecer. Ceder el testigo a otro. Cumplir y ser olvidado; solo queda lo que hiciste, si es que de verdad hiciste algo que sea digno de ser recordado.

Recuerdo como tragedia la vida de algunas personas que han manipulado su vida en el afán de dejar una determinada imagen para la posterioridad, por ejemplo trabajando sus memorias. ¡Qué auténtica pérdida de tiempo!…

Acaba de morir la última superviviente del “Titanic”.

Venimos de pasar un maravilloso fin de semana en Zamora con nuestros buenos amigos Juan Liedo y Clara Echeberria, y además de ver un románico maravilloso, me he topado con gente sana y humilde, o al menos así me lo ha parecido. Disculpen mi atrevimiento, pero me ha hecho pensar si conforme la renta per cápita crece no se incrementa también la infelicidad, la soberbia, la envidia y el desasosiego. ¿No habrá un punto de equilibrio también en esto?…

Disciplina, huelga y reconocimiento

Publicado por el 25 May 2009

Paso los viernes por la mañana en el Centro de Innovación Ilundain, en el Valle de Aranguren, cerca de Pamplona. Observo que voy a gusto y que aprendo mucho. Este artículo es un homenaje a los educadores que he conocido: Nono, María, Eduardo, Arantxa, Elena y Javier. Gente maravillosa. Escucho cómo trabajan y cómo ayudan a un menor que ha llegado en situaciones dramáticas a iniciar otra vida, descubriendo, aguantando y fortaleciendo. Día a día. Son gente muy joven en su mayoría, grandes profesionales, y han elegido este trabajo por vocación. ¡Luego hablamos de la comodidad de los jóvenes!…
¿Y qué dicen?… ¿Recuerdan el quehacer de los toreros: parar, templar y mandar?… Pues algo hay de esto a la hora de trabajar con una persona que se encuentra en una situación de exclusión. Me ha llamado la atención la importancia que ellos conceden al «parar», a la disciplina, al hacer cumplir las normas desde el primer momento, muy a pesar del carácter peyorativo que la cultura dominante ofrece de ella. Es curioso lo que ocurre: la disciplina ha tenido a lo largo de la historia una consideración positiva. Hasta ahora. A veces conviene recordar el auténtico sentido del lenguaje para no perder la perspectiva. De ahí hasta encontrar un buen motivo que les haga reaccionar; lo que hacen me recuerda mucho a las lecciones de Víctor Frankl.
Hace poco descubrí la importancia que Nelson Mandela concedía a la disciplina hasta en sus más pequeños detalles, como hacerse la cama todos los días. Hoy lo sigue haciendo. A mí mismo, preguntarme qué toca hacer y qué puedo poner en orden, suele ser normalmente una alternativa práctica cuando tengo un mal momento. ¿Por qué solo aprendemos con los golpes y con la edad?… Disciplina es lo que exigimos que hagan otros porque lo consideramos bueno e imprescindible para hacer las cosas bien y lo que evitamos cuando nos toca a nosotros practicarla, afirmando que es contraria a la libertad.
En todo caso, la disciplina es necesaria pero no suficiente. Hablaremos más otro día.
Mi afán es encontrar un hilo conductor en su trabajo, con la esperanza de que lo que es válido en situaciones extremas, pueda, con las adecuaciones pertinentes, ser también válido para otros escenarios y organizaciones.

La huelga ha sido noticia esta semana. Si algo tengo en contra de la actitud sindical actual, y sé que generalizo, son dos cosas:
– La referencia constante a la comparación con los demás. Compararse con lo que tienen los demás es, además de no entender nada, hacernos desgraciados. Creo que tanto malestar como hay, por ejemplo, entre los funcionarios de las administraciones, es debido precisamente a eso: en lugar de centrarse en lo que hay hacer, termino sufriendo por lo que tienen los demás. Y ya se sabe que siempre es más verde el jardín del vecino.
– Y el constante llamamiento a traspasar las responsabilidades a los demás. Dicen que ellos no son responsables de lo que pasa. ¿Y lo son acaso las empresas a las que, sin comerlo ni beberlo, se les ha caído la mitad de su facturación?… ¿Qué harían en su lugar?… ¿Y, en consecuencia: qué hay que hacer, con los recursos de los que se dispone?…
Lo que ahora sucede me recuerda al ejemplo de un padre de familia al que, de repente, no le llega a fin de mes y los hijos le dicen que no es responsabilidad de ellos y que, en consecuencia, no están dispuestos a abandonar el nivel de vida al que estaban anteriormente acostumbrados.
Como me decía un gran amigo: “pensar que los más felices con la huelga han sido los empresarios abrumados por la situación y que, gracias a las ausencias de algunos trabajadores, se ahorran un costo que no pueden pagar”… Pues eso.

Estoy llegando a la conclusión que otro motivo de sufrimiento actual es la necesidad de reconocimiento. Es como si solo vale lo que haces en la medida en que la sociedad lo valora y lo reconoce. Ahora creo dos cosas: que si enjuicias tu vida en función de los aplausos que te den, vas dado, y que, incluso en el caso de que haya reconocimiento, éste llega tarde o demasiado pronto, pero nunca en el momento en el que realmente lo merecías.
Vemos todos los días que el mundo es injusto, pero luego nos quejamos y nos amargamos porque no se comporta con nosotros de manera justa. ¿Y qué esperábamos?… Así todos los días. Que nos creemos muy listos, sí, pero que, a la postre, no entendemos nada de nada.

Una semana de reafirmación

Publicado por el 18 May 2009

Alguien me pregunta para qué estamos en la vida. Daré mi opinión: para agradecer, disfrutar y ayudarnos. Vayamos por partes:
– en primer lugar agradecer, que para mí es lo mismo que entender qué es uno y qué no es, qué depende de uno y qué no. Es como un mensaje de realismo, de poner los pies en el suelo, y como quiero seguir viviendo y por algo bueno será, pues agradecerlo.
– en segundo lugar, disfrutar, porque creo que todo esto se inventó para ello, que es lo mismo que creer que este universo nace de una buena intención, y sin esa buena intención no hay quien entienda nada, por muy listo que sea.
– y finalmente para echarnos una mano, para ayudarnos mutuamente, para salvarnos juntos, que es la única manera realista de salir adelante.
Dicho está. Y recordarlo a mí me ayuda.

Me gustaría compartir con todos una buena noticia: son ya muchos los centros educativos que nos están diciendo que sí al Proyecto HADA (Herramienta de Ayuda a las Dificultades de Aprendizaje). Son cuatro años de trabajo, pero al final sale la luz. Uno cree en una serie de cosas, que ha escrito y ha dicho, pero es que esta vez se han vuelto a cumplir: la idea de proceso, la del boomerang, la de la capacidad de aguante, la de ver de otra manera, la importancia de la intuición, la del trabajo en equipo y tantas otras cosas. Y me he vuelto a reafirmar en lo mismo. Un gran amigo me dijo la semana pasada que me veía distinto, y que este proyecto me ha vuelto a ilusionar. Es verdad. A veces es tan sencillo como cerrar los dientes, seguir y confiar, mientras uno se dice a sí mismo: “tal vez va a fracasar, pero que por mí no quede”…

La pasada semana tuve la fortuna de visitar Biotechnology Institute, de mi buen amigo Eduardo Anitua, persona que estimo mucho. La verdad es que es importante comunicarse, escuchar y reafirmarse con gente y con proyectos como los de Anitua. Un fuera de serie: “Gracias, Eduardo; este blog está dedicado a tí”. Me ayudaste un montón.

Desde la Alhambra

Publicado por el 04 May 2009

Tranquila y aprovechada semana en Andalucía. Ver la caída del sol cenando enfrente de la Alhambra, me dio una enorme paz. Altamente recomendable. Y si quieren un restaurante estupendo, “Estrellas de San Nicolás”, con un toque francés.


Mi buen amigo Joxin Arregi me recomendó una serie de libros y como ha acertado con todos, al menos cito dos: “10 ateos cambian de autobús”, de José Ramón Ayllón, y “Jesús hoy”, de Albert Nolan. Vayamos por partes. El de Ayllón es un conjunto de biografías de conversos, algunos ya conocidos por mí, como Lewis o Chesterton, pero además me han interesado, cuando no emocionado, otras. La de Narciso Yepes o Tatiana Goricheva son auténticos documentos, o qué decir de Francis Collins.

El libro de Nolan es un placer. Gaudí dijo en cierta ocasión que “para ser original hay que volver al origen”. Pues eso. Nos enfangamos con discusiones sobre la actuación de la jerarquía de la Iglesia, y nos olvidamos del auténtico origen. Esta es una vuelta al origen, y ante ello el debate se vuelve más difícil… o más fácil, no sabe uno qué decir. En todo caso, apasionante.

Hay, entre otras muchas, una reflexión altamente recomendable: la de ver la vida desde el agradecimiento. Y para ello un ejercicio: escribamos todas aquellas cosas que funcionan bien en nuestra vida. Pero con el máximo detalle; un auténtico listado, desde la salud hasta las amistades. ¡Son tantas las cosas que están bien en nuestra vida!… Y ahora identifiquemos cuáles de ellas nos han sido simplemente dadas, sin que tengamos el más mínimo mérito en ello. ¿Qué consecuencias se obtiene?…

Y ahora efectuemos otra lista; esta vez con nuestros rencores del pasado y nuestras expectativas del futuro. ¿Desde dónde se ve mejor la vida: desde el primer listado o desde el segundo?… Obsérvense las distintas orientaciones y las diferentes actitudes que generan en nosotros un listado y otro. Quédese con lo que más le convenga.

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Les dejo porque me espera una semana intensa en Madrid. En todo caso, positiva.

Vuelta al Blog

Publicado por el 23 Abr 2009

Sé que he estado unas semanas sin escribir, pero hay momentos en los que uno cree que no tiene mucho que decir, y en esos momentos, es mejor callar. Nada más. A veces se necesita estar en silencio. Gracias a todos los amigos que han notado su ausencia. Es en esos momentos cuando notas que hay red.

Lo cierto es que volvemos a empezar. El Centro de Innovación Urkide está en esos momentos en los que, de repente, todo eso que has soñado se está produciendo ya y lo tienes delante de las narices. Nuestro Proyecto HADA (Herramienta de Ayuda a las Dificultades de Aprendizaje) está teniendo una excelente acogida. Tenemos la impresión de que es algo muy sólido. Intuías que las cosas iban a ir por ahí, pero hay un momento en que hay reconocimiento. Y lo necesitábamos. Pero hay más.

Hemos firmado con Caja Vital Kutxa un Convenio de colaboración por el que vamos a trabajar a lo largo de todo el Curso 2009-2010 en una Campaña de Prevención, Detección e Intervención del Acoso Escolar. O dicho de otra manera: un Proyecto contra el Bullying. Este es un tema que me ha interesado mucho. Cuando vine de una estancia en los EE.UU., hace ya varios años, traté de hablar con varios Centros sobre la necesidad de hincarle el diente al tema. Fue imposible. Me vinieron a decir que eso pasaba en los EE.UU., pero no aquí. Es la respuesta de “eso ya lo hacemos” tan común. Tuvo que morir un niño para demostrar que no se hacía, que una vez más “hacíamos que hacíamos, pero no es verdad que lo hacíamos”. A veces hay tragedias a las que no encontramos sentido ni razón alguna; a la mayoría de ellas. Quizá en este caso, aquella horrible muerte sirvió para evitar tanto sufrimiento luego en otros.

Próximamente pondremos en marcha un nuevo Proyecto: Innovación Personal on-line. Se trataría de acompañar a las personas que lo deseen en un Proceso de Reflexión Personal. Lo adelantamos en su momento, pero en este momento el material está ya elaborado. Es una nueva experiencia, y nos acomodaremos al ritmo que la persona quiera.

Cuando hablas de un libro es para recomendarlo. En esta ocasión no sé si es para recomendar que lo lean, aunque solo sea para propugnar exactamente lo contrario de lo que el autor defiende y explica. Se trata de “Sobrevivir a un gran amor, seis veces”, de Luis Racionero. Aunque el morbo pueda estar al final, basta con leerse la Primera parte para entenderlo todo. Y lo que se entiende, a mí al menos, aunque haya mucho de verdad, no me ha provocado sino malos rollos. Para mí, es un libro que demuestra lo que ocurre cuando unas y otros vivimos sin generosidad. Y es que, a pesar de lo que se diga, lo que el libro demuestra es que “o nos amamos los unos a los otros, o pereceremos”… Y es evidente que el protagonista del libro perece. Vaya que sí.

Me gustó mucho la película “R.A.F.”. Merece la pena verla. Es la mejor película sobre terrorismo que haya visto.

Un libro a leer

Publicado por el 09 Feb 2009

La verdad es que pocas veces he leído algo que me haya inspirado y fortalecido tanto como “El factor humano”, de John Carlin, en Seix Barral. Tal vez algunos conozcan el libro, pero si no es así, estoy seguro de que les gustará y, al igual que yo, lo recomendarán.

Se lee como una novela, y nos cuenta el modo de trabajar, influir, convencer y aunar esfuerzos de Nelson Mandela desde que se encuentra en los últimos años de la cárcel hasta el final, y concentrándose fundamentalmente en la manera en que solventó los momentos de mayor angustia y preocupación del proceso que acabó con el apartheid. En el fondo, todo se puede resumir con la siguiente frase de Mandela: “no hay que apelar a su razón, sino a sus corazones”.

Es un libro que deberían leer todos los estudiantes, porque nos demuestra que haciendo las cosas bien puede lograrse, y el escenario que nos muestra es de tal gravedad, que a uno no le cabe más que decir: “si se logró allí, cuanto más fácil podría lograrse en mi caso”.

Es un canto de esperanza, de confianza y de creer en los demás. Demuestra que el sufrimiento hace borrar, enmudecer y llenar de odio a algunas personas, y sin embargo les hace crecer, ser mejores y mucho más generosos a otras. Misterios de la vida. El se dio cuenta de que la solución pasaba por resolver la siguiente ecuación: conciliar los miedos de los blancos con las aspiraciones de los negros, y en este sentido, había que gestionar sus sentimientos, los de unos y los de otros.

Mandela se muestra con una habilidad extraordinaria, pero no es tanto un tema de disponer de “trucos” para ello, sino de tener una visión y una actitud acorde con esa visión, estando dispuesto al sacrificio correspondiente. Su focalización en el equipo de fútbol de rugby de Sudáfrica, aunque sea el argumento central del libro, en el fondo, es una historia más. Antes habían quedado la forma en que solventó el himno y la bandera, en cómo dominó a los Servicios de Inteligencia racistas, a Botha, a de Klerk, a la extrema derecha golpista, y a sus propias desavenencias internas. Es verdad que tenía una gran autoridad moral, por sus años de cárcel, pero el valor añadido lo puso su generosidad, su habilidad y sus actos. Emocionante de verdad.

Nuevo Seminario: 3 de Marzo de 2009

Publicado por el 02 Feb 2009


Tal y como anunciábamos en el Blog anterior tenemos fecha para el nuevo Seminario sobre Innovación Personal, esta vez en San Sebastián. Será en la Cámara de Comercio de Gipuzkoa, y organizado en colaboración con dicha entidad. Por la mañana intervendrá Eugenio Ibarzabal y por la tarde los escaladores Josune Bereziartu y Rikar Otaegi, que plasmarán su enseñanza en Innovación personal forjada en situaciones de alto riesgo.
Paralelamente, trabajaremos en dos seminarios específicos sobre Innovación Personal para organizaciones, y más concretamente para Ibermática y Euskal Trenbide Sarea (ETS). Lo cierto es que son varios los proyectos que en estos momentos llevamos con Ibermática.

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Me gustaría decir que está ya en su tercera versión el Borrador del próximo libro. En esta ocasión lo estoy escribiendo de una forma diferente. Lo ofrezco como material en los seminarios y posteriormente lo voy mejorando con las aportaciones del propio evento. En el fondo es algo así como decir: “si tuvieras que resumir de qué va todo eso de la mejora personal, a la luz de la experiencia de estos años, ¿qué dirías?”… El libro es mi respuesta a esa pregunta. Me está viniendo muy bien para concretar, y el método que estoy utilizando da grandes satisfacciones. Quizá se pueda publicar este mismo año.

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He visto “El Divo”, un retrato, un tanto caricaturesco, de Andreoti, el que fuera líder democristiano italiano. Es demoledor, en apariencia, pero lo cierto es que no hay prueba definitiva alguna contra él. Se da a entender, pero finalmente, al igual que empieza, la película acaba. Se aprecia un hombre de un autocontrol excepcional, que le lleva sin duda a momentos de cierto histrionismo, únicamente aliviados por un extraordinario sentido del humor. En todo caso, una vida poco envidiable. Pero al final uno tiene la impresión de que el espectador no se entera de nada y termina sin saber nada. Un misterio lo envuelve todo. Y la pregunta es si, en ocasiones, el objetivo no es tanto lograr sino evitar. Y de lo que se evita no quedan luego evidencias. ¡Qué difícil ha de ser escribir la auténtica historia!…

Volver a empezar

Publicado por el 17 Ene 2009

Es curioso. Cuando estaba escribiendo el último libro, tenía el título muy claro: “Alguien con quien hablar”. Llegado al final me encontré en la librería del aeropuerto de Barcelona con un libro del mismo título. Recuerdo el disgusto. Hoy me parece que “Volver a empezar” no solo es magnífico, aunque sea el mismo de la película, sino que es una auténtica filosofía de vida. Y no solamente por lo que supone de empezar de nuevo, sino por lo que es más importante: contemplar la vida de una manera circular. La naturaleza nos lo enseña todos los días: días seguidos de noches, estaciones del año, órbitas, felicidades y penas, generaciones que van y que vienen. Es como si hay un momento en el que dices: “esto ya me lo sé”. Es la frase del Eclesiastés: “lo que fue, eso será; lo que se hizo, eso se hará”…

Y en ese momento caben dos cosas: contemplar la futilidad y el fastidio de cualquier cosa, con la frustración correspondiente, o abrirse al misterio, confiar y dejarse llevar por la sabiduría de la propia vida, ahora ya reencontrada y aceptada. Y siempre, siempre, evitar el cinismo y la gruñonería.

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Tenemos prácticamente terminados los materiales de lo que puede ser una auténtica plataforma pedagógica básica contra el fracaso escolar, en el Centro de Innovación Urkide. En los próximos meses lo vamos a ofrecer a la comunidad escolar. No sabemos cuál será la acogida, pero al menos nosotros vamos con la mejor de las intenciones, la de ayudar. Tenemos la impresión de que damos en la llaga, pero en ocasiones muchas cosas dependen del encaje de circunstancias que a uno le superan. En ocasiones se acierta sin mérito, y en otras se fracasa a pesar de merecer lo contrario. Eso es lo que vida nos ha enseñado, y ésta es también la filosofía con la que nos enfrentamos con la tarea. Me ayuda mucho asumir eso de “que por mí no quede”…

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Pero lejos de desfallecer hemos dado un paso más, y aunque hablaremos en otra ocasión, me adelanto a decir que vamos a fundar un nuevo Centro de Innovación, esta vez en Navarra, y dedicado a Intervención Social. La filosofía es la misma: ayudar desde la práctica. Contamos con unos compañeros maravillosos, e iremos a por todas.

Quisiera añadir también que estamos organizando la nueva sesión de Innovación Personal. Será en Donostia, en la Cámara de Comercio de Gipuzkoa, y lo haremos con la colaboración de Josune Bereziartu y Rikar Otaegi. Solo falta confirmar la fecha. La semana próxima la anunciaremos. Será en Febrero.

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Y ahora, otras cosas. Si alguien va para Londres aprovechando las rebajas, que no se pierda en la National Gallery la exposición de Sisley. Es mi pintor preferido. Siempre imagino lo feliz que tuvo que ser pintando. Es de esas exposiciones cuyos cuadros te llevarías todos a casa. Y mi buena amiga Amaia Landa, me ha descubierto un autor cuyos libros estoy leyendo uno detrás de otro: Haruki Murakami. Empezar por “Tokio Blues”. Un placer. Gracias, Amaia.

Me voy a empezar recorrer Andalucía.

Malas noticias

Publicado por el 05 Dic 2008

Ha sido una semana repleta de malas noticias. Primero lo sucedido con la pretendida fusión de las Cajas, que me ha dejado con una insoportable sensación de que ponernos de acuerdo en el País Vasco, y especialmente en Gipuzkoa, parece imposible. ¿Qué sucede en Gipuzkoa para que no se pongan nunca de acuerdo en nada?…

Y luego el asesinato de Inaxio Uría. Matonismo. Mafia. Cobardía. Crimen. Lo peor de lo peor. Es curioso que hoy en día las peores amenazas las sufran los que, para mí, son lo mejor de Euskadi: sus empresarios y sus animosos alcaldes y concejales, gentes ambas que merecerían reconocimientos constantes. Cuando uno pasa por nuestras carreteras y observa algunos injustos carteles contra nuestros empresarios, o cuando sigo viendo a concejales escoltados, me dan ganas de pensar: ¿merece la pena hacer hoy algún sacrificio?…

Y finalmente me llega la noticia del debate provocado por determinados deportistas a propósito del “nombre”. Ellos a lo suyo. No nos ponemos de acuerdo ni sobre el “nombre”, pero esto no es óbice para que se nos siga chantajeando: “si no sale lo que yo digo, atente a las consecuencias”… Siempre igual.

El blog de esta semana es triste porque no se puede estar de otra manera. Al menos yo. Me invade una sensación de que aquí no hay nada que hacer. Nos hemos convertido en un país rico, y al igual que muchas personas ricas, estamos terminando siendo egoístas, defensoras a ultranza de nuestra parcela, nuestras ideas y pensando solo en nosotros mismos. ¿Qué nos está pasando?… ¿Cómo se puede lanzar el mensaje de que ahora conviene ir por nuestra cuenta porque otros están peor?… Es hora de salir juntos, de ayudarse, de colaborar, y no del “sálvese el que pueda”, porque al final nos ahogaremos todos.

Creo sinceramente que el nacionalismo ha hecho mucho bien a este país, pero de la misma manera creo también que su discurso centrado exclusivamente en derechos y olvidándose de las obligaciones, ha marcado de tal manera a la sociedad vasca que nos puede llevar al desastre. No me gusta el País que estamos construyendo, y con frecuencia me viene a la memoria aquello de “no era eso, no era eso”.

Descanse en paz Inaxio Uria. Él, al igual que Joxe Mari Korta, era un modelo, al menos para mí.

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