Eugenio Ibarzabal

Kim Philby y Santiago Carrillo.

Posted by on Jul 19 2015, in Sin categoría

Un par de libros que me han interesado: “Entre amigos” y “El zorro rojo”, biografías sobre el espía Kim Philby y Santiago Carrillo.

El ámbito cerrado, autosuficiente y viciado de los servicios de información en el primer caso, regado por ingentes cantidades de alcohol, en el que la partida es ganada por el que tiene más capacidad de aguante. Si a alguien le interesa saber cómo se puede vivir manteniendo una mentira más de veinte años, éste es su libro.
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Genera desasosiego observar trabajar a Philby, un hombre encantador con sus compañeros, pendiente de pequeños detalles, con una capacidad de escucha infinita, interesado por ellos y, precisamente por eso, un gran seductor, que los traiciona de una manera fría, sistemática y completa. A lo largo de toda su historia no hay concesión alguna, ni clemencia, ni incoherencia generada en un momento de “desliz humanitario”. Al contrario, la crueldad es la norma de conducta contra los posibles enemigos de la Unión Soviética. ¿Cuántas muertes, y, además, qué tipo de muertes, habrá podido generar la transmisión de su información a los soviéticos de la época?… En el libro aparecen tan solo los que son demostrables.

Sorprende que esas convicciones prosoviéticas tan firmes se prolonguen y no entren en crisis durante tantos años, muy a pesar de tener que suponer que él conocía mejor que nadie cómo era, y cómo no era, la vida de los trabajadores en los años inmediatos a la Segunda Guerra Mundial, en plena etapa estaliniana. No hubo atisbo de duda, y para ello engañó no solo a los servicios de información británicos sino también a sus propias mujeres, a las que destrozó. Y todo ello por el arrebato ideológico producido por una adhesión juvenil a una ideología que tan solo conocía por los libros y por los agentes soviéticos que contactaron con él… Hasta que muere en Moscú no hay, que se sepa, remordimiento, concesión ni reconocimiento alguno. Una inteligencia, habilidad social, capacidad de trabajo y salud excepcionales, absorbidas, destinadas, entregadas al servicio de un ideal que el tiempo ha demostrado que era uno de los más inhumanos que han existido a lo largo de la historia. ¿Simple equivocación?… ¿Pero cómo puede uno equivocarse traicionando una sociedad como la británica, que, con todos sus errores, mantenía un nivel de respeto a los derechos humanos claramente superior a la de los soviéticos de la época?… ¿Y esto no lo sabía una de las personas mejor informadas del mundo en aquellos años?… Somos, de verdad, un misterio.
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Y si hay quien se pregunta cómo Carrillo se pudo mantener cincuenta años en el poder puede también leer a Paul Preston, ese historiador al que debemos tanto. Su halo de distancia nos ha ayudado a poner muchas cosas en su sitio.

Resulta hasta risible, si no fuera por sus consecuencias trágicas, observar la transformación paulatina de los análisis de Santiago Carrillo con respecto a la sociedad española. Pero es menos risible cuando se advierte que los cambios de análisis no se producen por la llegada de nuevos datos sino como herramienta de lucha de poder con sus propios compañeros de la clandestinidad. La ideología de Carrillo se altera en función exclusiva de lograr perdurar. Se dice una cosa y mañana otra, y todo resulta además coherente. Y los errores no generan nunca la duda en uno mismo, la posibilidad de que uno puede equivocarse, de la misma manera que se ha demostrado hasta la saciedad que se ha equivocado no ya una sino muchas veces.

La autocrítica es algo que se exige a los demás y que cuando una la hace parece más bien una alabanza propia, de modo que quede la sensación de “mira que bueno es que hasta incluso es capaz de autocriticarse, no como los demás”.

Cabe suponer que tanto Philby como Carrillo estaban en el centro de la las fuentes de información, que mamaban de ellas, que no había conspiración que les fuera ajenas. Y sin embargo no son capaces de ver lo que tienen delante. ¿O no lo quieren ver?… ¿O no les conviene ver lo que no ven?… La ideología y el poder lo contaminan todo.

Luego están los métodos, aplicando Carrillo los mismos que el adversario fascista al que se decía combatir: delaciones de compañeros a la policía, torturas, asesinatos, complicidad, defensa y colaboración con las mayores tiranías.

Pero lo que resulta más sorprendente viene después: ver cómo este personaje es finalmente convertido por la derecha española para quien era la peor “bestia negra” en un abuelete amable, riguroso y sabio por haber aceptado la monarquía, la bandera y la Constitución, muriendo en olor de reconocimiento, respeto y gratitud.

Pero la vida y la historia son también así, y es por eso por lo que no hay que tomar en serio todo lo que se nos dice, sino que es preciso seguir pensando por uno mismo y aguantar las consecuencias de ser considerado como “rarito”.. Y es que ser independiente tiene ventajas, pero también muchos inconvenientes.

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