Eugenio Ibarzabal

Innovación personal, aquí y ahora.

Posted by on Sep 30 2011, in Sin categoría

No me gusta demasiado la expresión coaching.Primero porque es una moda más y luego porque da la impresión de que puede servir para todo. Hay buenos entrenadores de futbol porque, ante todo, saben de futbol, pero no se les ve ni que pasen, así como así, a otro deporte y mucho menos a otro tipo de organizaciones, a no ser para dar charlas al final de eventos y más como guinda del espectáculo que como verdadero asesoramiento. Pueden hacer pensar, eso sí, y en ocasiones también ayudar, pero el día a día del acompañamiento es otra cosa. Sin embargo hay coachs que sirven para todo. Soy un poco más humilde.

Me gusta la expresión acompañamiento y asesoramiento en innovación personal. Comencé hace ya muchos años con la expresión Calidad Personal, pero tiene connotaciones morales que pueden generar equívocos y lo cambié. También es verdad que estaba unido a todo lo que hace referencia a calidad. Ya ven, ahora, no se sabe muy bien porqué, hay que utilizar otras expresiones, aunque no haya avance alguno. Nos cargamos cosas sin apenas ahondar en ellas. Así nos va. Trabajo fundamentalmente con gente que se me ha acercado a partir de los Talleres de trabajo de innovación personal. Gente conocida y que tiene verdaderas ganas. No me interesa el número ni el dinero.

Suelo poner dos límites, en los que no voy a entrar: el de la psicología y el de la moral. Creo que hay que distinguir. No soy psicólogo, ni moralista. No sé si sé de algo, pero me parece que esos dos campos requieren especialistas, aunque veamos que sean muchos los que hoy vayan de psicólogos o dando lecciones de moral: basta con escuchar las tertulias de la radio.
Y si alguien me preguntara: bien, entonces, ¿qué haces con las personas que te vienen?… Creo que lo hago es ayudar a pensar contracorriente. Observar cuáles son los valores de la cultura dominante por los cuales, a mi juicio, las cosas suelen ir mal, y trato de colocar a la persona una alternativa a ellos. Creo que unos pocos ejemplos pueden servir para ello.

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Tomar una decisión. Y para ello ayudarle en una labor de discernimiento, sin duda, pero al final, decirle que hay que tomar una decisión. Lo contrario es la degradación. No es el tema que más me guste, pero con frecuencia me suelen llegar situaciones matrimoniales, y ante ellas me sale decir dos cosas. “Decide salvar o cortar, pero decide”, les digo. Y para decidir, observa si merece o no la pena, porque sea lo que sea lo que decidas, va a haber mucha pena. La cultura dominante nos lleva a pensar que las cosas se van a arreglar por sí solas, mirar solo las ventajas o esperar a que empiece el otro. Y entonces, reaccionar. Es lo que nos ha pasado, sin ir más lejos, en los aspectos económicos relacionados con la crisis.

Hacer lo que te toca, te guste o no. Es increíble la capacidad que tenemos para vestir el santo, justificar lo que nos apetece y no enfrentarse al tema. Para mí, la pregunta, déjate de tonterías (por no utilizar otra expresión), qué es lo que te toca hacer, aquí y ahora, funciona. La cultura dominante nos orienta hacia lo contrario: hemos visto con los incidentes en Inglaterra.

Me tocaron estando con Sarah en Brighton. Nadie habla ya de ellos, pero lo cierto es que hay momentos en que hay que hacer lo que toca, y que no gusta. Lo hacen los padres con sus hijos, y lo hacen, aunque llorando, por su bien. ¿Cómo puede decirse que aquello que se impone no funciona?… ¿Y cómo se explica, entonces, el éxito del carnet por puntos?…

Trabajar en el margen de maniobra de cada cual. Haz solo lo que puedas pero, eso sí, todo lo que puedas. No te adelantes a los noes. Ya llegarán, en su caso. Mi experiencia es, lo he comprobado al escribir esos noes al inicio, que la realidad posterior poco tiene que ver con las dificultades que hemos previsto al principio. Y tiene su lógica: si acabas de empezar y no sabes casi ni cómo, ¿cómo puedes saber, incluso, lo que te va a ocurrir mañana?… La cultura dominante, sin embargo, nos lleva a responsabilizar a otros y a delegar la responsabilidad en otros: el que venga por detrás que arree. Y así estamos como estamos hoy. Esto en política es el pan nuestro de cada día.

Hacerlo ahora, no necesitar estar fatal para ponerte en marcha. Mañana el margen de maniobra será todavía menor. La cultura dominante nos orienta, por el contrario, a esperar lo que hace la mayoría y justificarlo como bueno: por algo será. Y uno piensa: por algo está sucediendo lo que está sucediendo, porque todos nos miramos a todos. Hoy es el momento, por ejemplo, en algunos casos, para hacerse autónomo desde el punto de vista profesional, y no dejar que los mandos de la empresa decidan el futuro por ti.

Volver a empezar. Cada día. Repetir y repetirse lo mismo. Decirse lo mismo. Recordar. Porque olvidamos. Por el contrario, la cultura dominante nos lleva a enamorarnos de algo nuevo cada día, a no hacer caso de lo anterior y esperar a la fórmula mágica, a la frase definitiva, a la inspiración final. Y vuelta a perder más y más tiempo. Aburrimiento.

Poner fechas a las decisiones. Esto ayuda a no frustrarse al ver cómo cada día cambiamos de opinión. Al tiempo, casi sin darnos cuenta algo se va decantando y la fecha final obliga. Lo contrario es degradación.

Distinguir criterios a la hora de tomar decisiones y aprender a hacer bien la pregunta. No importa el tiempo que dediquemos a formularla. Por el contrario, lo que con frecuencia nos sucede es que como el problema no está bien centrado, un día tiene una cara y al otro día se nos muestra con otra. No hay manera de responder, porque no hay pregunta ni criterios.

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Me gustaría hablarles de una novela que me ha gustado mucho, aunque adelanto que tiene casi mil páginas: “Yo confieso”, de Jaume Cabré. Es sin duda un gran libro y el final es emocionante. En realidad, me ha parecido que son dos libros: el uno son historias del mal a lo largo de los siglos y el otro la historia de los dos amigos: Adria y Bernat. Me ha gustado por muchas razones, y una es por lo bien que se ha conjugado una historia nítidamente catalana, en la que el autor no esconde sus convicciones más íntimas, con un enfoque europeo, de tal modo que todo queda perfectamente ensamblado y explicable para lectores de culturas diferentes. Es un libro profundamente catalán y al mismo tiempo profundamente europeo. No es casualidad su éxito en Alemania. Ameno, en ocasiones hurgando en la herida en demasía –supongo que en el afán de no perder la atención del lector-, pero demostrando que para hacer una buena novela hay que trabajar. No es casualidad que haya ocho años invertidos en el libro. Mucha pena, pero ha merecido la pena.

Este verano ha sido de novelas, porque estoy escribiendo una que me llevará su buen tiempo. Desde “La trampa”, hace ya veinticinco años, no he vuelto a hacerlo. Quizá haya llegado el momento. En el fondo, lo único que pretendo con ella es que le guste a mi mujer; con eso me daría por satisfecho. Y no será fácil, lo aseguro.

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Por último decir que el IV Taller de Innovación Personal en Loyola se celebrará los días 25, 26 y 27 de Noviembre. Y en este caso vamos a hacer un cambio en el formato: el sábado al atardecer intervendrán los escaladores Josune Bereziartu y Rikar Otegi. Van a aportar mucho: enfrentarse a una pared es como enfrentarse a la vida misma, y para escalarla hay que innovarse o, en ocasiones, morir.
También, y como nuevo proyecto, hemos comenzado a trabajar con el Ayuntamiento de Erandio. En definitiva, que seguimos en marcha. No es poco.
Y por último un recordatorio. Nadie habla ya de Japón. ¿Por qué?… ¿El debate eran las víctimas del terremoto o aprovechar la ocasión para atacar a algunos de casa?… En caso de haber ocurrido aquí, ¿estaríamos como ellos están ahora?… ¿Por qué?…
Sin olvidar a Irlanda, que está saliendo de la crisis. ¿Por qué en algunos sitios sí y en otros no?… Preguntas. Me dedico a eso.

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