Eugenio Ibarzabal

Balzac. La novela de una vida.

Publicado por el 16 May 2015

La biografía que Stefan Zweig escribió sobre Balzac refleja la vida de un hombre que se la juega, que lo intenta una y otra vez, que se cae y se levanta constantemente, hasta el final. ¿Qué no se puede volver a empezar?… Lean la vida de Balzac. Sobrevivió al desprecio, a las trampas de los editores e incluso a las deudas.
Imagínense un joven que quiere ser escritor, rompiendo con la opinión familiar, obligado a triunfar de inmediato para demostrar que puede vivir de ello. Pero que no triunfa. Enredado a escribir con un nombre falso novelas del que otro se beneficia, simplemente para sobrevivir.
Ya que nadie le ayuda, ¿por qué no aceptar el apoyo, cuando no el amor, y sin duda el dinero, de alguna mujer, noble y mayor, a la que ofrecer a cambio la ilusión de su vida y que se comportará con él como la madre que en su vida tan poco le ayudó?… Ah, dirá, no hay como una mujer madura…
Pero luchar en París implica desparpajo y apariencia de poder, y una buena idea es ir de noble cuando en realidad no se es, gastar en apariencias, muy a pesar de no tener dinero, y acceder a mujeres poderosas, aunque no se tenga una figura agraciada y sus maneras sean toscas.
Pero llegan las deudas, porque lo gasta todo mucho antes de que haya empezado a cobrar. Y para ello se mete en negocios, siempre con buena visión, pero con un pequeño problema: el negocio tiene futuro pero no presente. Las deudas son cada vez mayores. Recuerda a un hamster en su jaula: escribe para devolver lo que debe y al tiempo pedir un nuevo adelanto. Huidas, detenciones, trampas. A punto de desfallecer, pero nunca terminará de hacerlo.
Y mientras tanto, como un poseso, escribe de doce de la noche a doce del mediodía, animado solo por ingentes cantidades de café, vestido como un monje e iluminado por las velas. ¡Qué espectáculo!…
Siempre a la búsqueda de una marquesa con dinero, que le de la tan ansiada estabilidad. Finalmente parece encontrarla en una marquesa ucraniana, pero el marido tardará en morir.
Pero lo más importante está al comienzo: su vida desde los veinte a los treinta años, en la que le pasa de todo, pero ese todo le va a servir para escribir luego nada más ni nada menos que “La Comedia Humana”.
Cuidado con los éxitos iniciales: pueden ser verdaderas trampas.
Ah, y el autor es Stefan Zweig. ¡Qué dos pistas para seguir disfrutando!: Balzac y Zweig.

La decadencia que nos espera.

Publicado por el 10 May 2015

Koldo Mitxelena, el célebre lingüista, me explicó el por qué de aquel verso de Xenpelar, uno de los mejores bersolaris que ha tenido el País Vasco: “gerra nahi duen guziya, berari kendu biziya” (quitad la vida a todos los que propugnen la guerra). Me dijo que no era sino consecuencia del horrible recuerdo que las guerras carlistas habían dejado en el país, a las que siguieron un larguísimo período de paz, solo interrumpido el 18 de Julio de 1936. Julio Caro me dio la misma explicación: la idea de un País Vasco belicoso y fratricida no es algo que se acomoda con lo ocurrido en nuestro país. Los catalanes tuvieron un comienzo del siglo XX tormentoso. Los vascos, no. Creo que, precisamente por lo que hemos sufrido recientemente, nos espera un futuro muy diferente. Mejor. Nos lo merecemos. Tenemos que aprender del pasado. Pero no podemos esperar a cerrar el pasado para comenzar un tiempo nuevo. Urge despegar.

En un tiempo nos decíamos que lo mejor del país eran las personas. Últimamente ya no se dice eso. No quiero decir con ello que ya no se piense lo mismo, sino que ya no se repite tanto. Tal vez nos conocemos más, y nos comparamos, en silencio, con lo que otros hacen en Europa.
Vemos que, a pesar de todo, tenemos en el País Vasco un diferencial negativo de paro de cuatro puntos con la media europea, cuando en el 2012 estábamos casi a la par, que nuestro país se ha convertido en un país de emigración, que nuestra Universidad pública no aparece en ranking alguno, a no ser en el de las universidades que más dinero reciben por parte de la administración, que nuestras empresas son compradas por ajenos y que de nuestra educación solo destaca la Formación Profesional.

Todo este viene a cuento de que hay que moverse, porque como aquí no haya un cambio, nos espera una paulatina decadencia, que ya ha comenzado.

Más cosas que me gustaría saber

Publicado por el 08 May 2015

Los programas electorales nos dicen lo que proponen, pero no nos dicen cómo se va a financiar lo que proponen, es decir, de dónde se va a quitar. Nos dan las listas de gastos, pero no nos ofrecen la de ingresos. La de gastos es la lista bonita, la de ingresos la fea. Luego viene lo de que dije y digo. Siempre queda como último recurso lo de incrementar la deuda pública, pero eso es algo como decir que lo gasto a cuenta del siguiente: “el que venga por detrás que arree”. Y los que vienen por detrás son las nuevas generaciones, que no solamente vienen sin la posibilidad de ingresos sino con las obligaciones del pago de nuestras deudas. ¡Qué envidia da hoy ser joven!…

Como ya le he cogido el gusto de lo que me gustaría saber, aquí va esta referida a la Reforma laboral. Vemos nuevamente que desde Europa hay una nueva petición y no precisamente para volver a lo que había antes.
La pregunta es: además de ponerse en contra de la actual ley, si lo pudieran hacer, ¿cuál es la propuesta de algunos partidos políticos, léase por ejemplo PSOE, PNV, ante tal petición?… ¿Qué piensan de verdad?… Puedo entender que no haya mayorías ni capacidad autónoma para legislar. Pero, de poder hacerlo, por poner un ejemplo: ¿volverían a los 45 días?… La pregunta es: ¿qué propuesta de relaciones laborales llevaría Vd a una mesa de negociación?…

Las empresas, es decir, empresarios, directivos y trabajadores, son los verdaderos clientes de la administración. No al revés. Vivimos una dependencia de los partidos (cuyos intereses, en la práctica, muchas veces, son estrictamente privados) y de ideologías que no esconden sino poder privado desde la administración, poder que no se ha podido lograr trabajando en el siempre “sospechoso” (para ellos) mundo privado.

Cosas que me gustaría saber en Osakidetza. Diario de Abril.

Publicado por el 03 May 2015

El cambio empieza con preguntas. Si no hay preguntas, no puede haber respuestas. Es por eso que agradecemos tanto a las personas que, en medio de una reunión que hace ya tiempo ha perdido el rumbo, se atreven a decir: ¿pero no nos habíamos reunido para?…, y lanzan sobre los demás el objetivo inicial de la reunión. Y algo empieza así a cambiar.
En este país cuesta interrumpir. Es el miedo al ridículo, a ser respondido por el “experto” que trata de abrumar con ese discurso de lo “que hay que tener en cuenta” pero incapaz de concreción final. Amo al país lo suficiente y me duele lo que está pasando como para atreverme a recibir más de un palo por mi ignorancia y atrevimiento.
Observo las huelgas en Osakidetza. No consigo conocer con claridad ambas posturas. ¿Por qué los medios de comunicación, en lugar de reflejar lo que dicen unos y otros, no investigan y nos dicen, de manera independiente, las demandas, las ofertas precisas y la evolución de la negociación?… ¿No es acaso un organismo público?… ¿Se podrían cuantificar esas ofertas y demandas en términos económicos?…
¿Guarda relación lo que ocurre en Osakidetza con esa dualidad del mercado laboral, en la que a los nuevos no se les puede ofrecer lo que a los veteranos no se les puede tocar?… Es decir, ¿ocurre lo mismo que en todas partes?… ¿Podría haber salidas intermedias y sostenibles?… ¿Son intereses públicos los que se defienden o más bien estrictamente privados, por muy respetables que estos sean?..
Me gustaría saber si los trabajadores de Osakidetza han decidido en alguna asamblea ir a la huelga o no, si han aprobado ese calendario de movilizaciones y si tienen algún tipo de control sobre sus representantes a la hora de decidir algo, lo que sea… ¿Importa algo que no llegue al 10% los trabajadores que se suman a la huelga?… ¿Se atrevería el mundo sindical a efectuar una encuesta de satisfacción interna independiente entre los trabajadores de Osakidetza a propósito de su labor y publicar los resultados?…

Si seguimos igual solo conseguiremos lo mismo.

Publicado por el 19 Abr 2015

Voy a ver “Negociador” y salgo triste. Me pregunto en manos de quiénes ha estado el futuro de nuestro pueblo. Qué dificultades para acercarse, qué obsesión por guardar lo que no son sino formas, que parafernalias creadas, guardadas y repetidas por personas de un mismo pueblo. Qué inseguridad tras esa aparente seguridad. Qué trágica pérdida de tiempo. Qué horror. El mismo fanatismo que traspasó a los fascistas de la derecha de un tiempo, recuperado por los revolucionarios de izquierda de unos años después. Tan vascos, tan españoles. Siguieron igual, y sucedió lo mismo.
Y la figura de Egiguren, de una ternura casi ridícula en un escenario de tal dramatismo. Supongo que en muchas ocasiones no se habrá visto reflejado en la película. Pero en otras sí. Le alabo el esfuerzo, le doy las gracias por lo que hizo, le digo en público lo mismo que en su momento le dije en privado: que habrá habido mucha pena, pero que lo que hizo mereció la pena. Que hizo algo diferente y que, gracias a eso algo se movió definitivamente.

Egiguren

Tengo un amigo que me envía reflexiones políticas. Siempre es la misma: lo criminal que es el Gobierno de Israel. Hace un tiempo que no lo hace. Pensé que me iba a llegar algún día algo sobre el Estado Islámico, los túneles de Hamás o sobre la represión del gobierno militar egipcio, pero no. No quiero llegar a creer que todo lo demás le parece bien, ni mucho menos, pero la verdad es que sólo me llega lo que me llega.
Ahora los votantes han dicho nuevamente que sí a Netanyahu. Y son muchos los que se rasgan las vestiduras. Pero esos votantes no hacen sino reaccionar contra lo que ven. ¿De verdad que alguno cree que sectores decisivos del mundo árabe quieren de verdad negociar, es decir, ceder, aunque sólo sea ideológicamente, en algo?… No creo que sea necesario mostrar aquí mi nula simpatía por el actual gobierno israelí, aunque sí mi compasión por el sufrimiento de tantos años por los pueblos judío y árabe.
Siguen igual, luego sólo les sucederá lo mismo: seguirán sufriendo.

Vengo de Andalucía. Tienen el paro que tienen, sus hijos no tienen otro remedio que emigrar como en los peores tiempos y su fracaso escolar es el más alto de Europa. Y siguen votando a los mismos, para que hagan lo mismo que habían hecho antes. No hace falta ser un gran analista político para decir lo que les espera: lo mismo. Algo semejante les ocurre a los nacionalistas vascos continentales. Despreciaron a Labeguerie, pero no supieron construir algo que no fuera una radicalidad políticamente estéril.

Pat

Patricia Highsmith era una mujer cuya vida me daba más miedo que sus libros. Tenía la costumbre de hacerse una pregunta antes de irse a dormir la siesta, sabiendo que la intuición funcionaría. Ignacio de Loyola hacía lo mismo: procuraba fijar el último de sus pensamientos del día, sabiendo que eso marcaría el primero del día siguiente.
O cambiamos de preguntas, o esto da lo que da, que es lo mismo que ha dado hasta ahora. Sé que estoy un poco triste, pero tal vez sea el tiempo…o la gripe.

«Cincuenta semanas y media en Brighton» en El País.

Publicado por el 11 Abr 2015

“Ahí lo dejo, como un legado”. Eugenio Ibarzabal (San Sebastián, 1951) se refiere así a su última novela Cincuenta semanas y media en Brighton (Editorial Line Books, 425 páginas, 12 euros), a la que ha dedicado los tres últimos años de su vida. “Lo necesitaba y se lo debía quizá a mi hijo que un día me dijo que no le diera opiniones sobre lo pasado, sino que contara vidas, que él ya se haría su propia opinión”, admite el autor en vísperas de la próxima presentación en Bilbao de su obra, que ya se encuentra en las librerías.
Ibarzabal siente “una liberación” personal con esta nueva creación literaria que al abogado Txema Montero le ha llevado a preguntarse “¿novela histórica o historia novelada?” Y es que en el ameno transcurrir del libro, este periodista que compartió junto a José Antonio Ardanza cuatro años de intensa vida política institucional (Diputación de Gipuzkoa y Lehendakaritza) ha creado “un thriller que esconde la vida de una familia, de una generación y de unos jóvenes, protagonistas y testigos de una historia única”, como subraya Bernardo Atxaga.

Ocurre que en la obra Ibarzabal empieza a bucear con soltura por los primeros años de ETA —sin alusión alguna— en medio de un contexto social que le lleva desde Bilbao a Bayona o San Juan de Luz por causas del inevitable exilio y que desmenuza por medio de una precisa descripción de situaciones personales siempre en un ambiente nacionalista. A tal minuciosidad llega que para el lector se antojan escenas vividas, pero de las que aleja “con una decidida intención” de «toda valoración política», según destaca con ánimo rotundo durante la entrevista. “Mis opiniones son conocidas; ahora se trataba de conocer y penetrar en los protagonistas”.

Después de haber recreado el germen de ETA y de entrecruzar sus derivadas ideológicas — “ir hacia la independencia en Euskadi como la de Argelia”— y terroristas, Ibarzabal sigue “pensando lo mismo” sobre “el sufrimiento y el tiempo perdido en esta lucha” en Euskadi. Es una ratificación a la que llega, además, después de “hablar con un sinfín de personas, todas ellas conocedoras de las situaciones que cuento en el libro”, recuerda al explicar su metodología. “Muchas mujeres me han contado cosas que habían vivido en su tiempo y que ni siquiera fueron capaces de decir a sus hijos y maridos”, apunta el autor satisfecho de llevar a su novela “datos absolutamente contrastados” después de un arduo trabajo del que “ya me he liberado”.

Asentado sobre recuerdos, libros, legajos, Ibarzabal ha necesitado recurrir a textos oficiales como le ocurrió con un sumario que se encontraba en El Ferrol. Allí certificó las entrañas de aquel descarrilamiento del tren en San Sebastián un 18 de julio de 1961, coincidiendo con el 25 aniversario de la sublevación y que provocó una cadena de detenciones, vinculadas “a la sexta”, rama de acción de la organización. Y en el medio de este retazo, el autor se apropia de un pretexto histórico para proyectar la angustia familiar que provocaba en Euskadi una detención inesperada. Ahora bien, tampoco le impide recrear actuaciones policiales como las registradas en la comisaría de Indautxu o en San Sebastián.
“Ha merecido la pena”, repite con cierta asiduidad al recordar el recorrido de este “absorbente” trabajo, que por fin le da paso a recobrar un tiempo vital que dividirá cada día entre el 20 % de atención a su consultoría y así dedicar el resto de las horas a su pasión por la literatura.
Ibarzabal ha ideado en el hilo conductor de su novela un viaje a Brighton (Inglaterra) para incrustar a su personaje en dos caminos de vida paralelos y así retratar escenas de una reflexión interior mientras aprende inglés hasta recrear situaciones de (des)amores (Julia, Anne, Joana, Carmen) por parte de “un viejo verde”, que introduce sin tapujos y con reiteración. Pero todo concatenado hasta en las situaciones más sorprendentes para trasladar así la sensación al lector de que domina los escenarios como le ocurre con las calles, las excursiones al monte, Zugarramurdi o los grupos de danza que ayudan a entender el germen de una acción política, a la que el autor sitúa como historia pero sin ponerle acento. “Lo cuento todo y esa es mi contribución. Esto es una novela, no es otra cosa. Un género que me ha dado una enorme libertad”, subraya.

El libro consume semanas con una vertiginosa sucesión de escenas tan versátiles en dos o más escenarios paralelos que obligan al lector a sentir una doble vida. Hasta que la figura de los dos hermanos, José Antonio — “un hombre de ideas claras, extraordinario seductor, seguro de sí mismo”— y Javi —la entrega y la fuerza de la voluntad— se apoderan de la escena. Los comandos y la organización entran en escena y con ellos los cursos de armas. “Para que un atentado sea eficaz tiene que ser simple, barato y sin coste político”, se lee en el libro.
El autor no lo identifica en ningún momento, pero Javi es la reencarnación de Txabi Etxebarrieta, conocido por haber sido el autor material en 1968 del primer asesinato de ETA al rematar con su pistola al guardia civil José Pardines, pero también el primer militante de esta banda terrorista muerto en un enfrentamiento armado con miembros de este Cuerpo. Todo un icono dentro del entorno de ETA y de la izquierda abertzale. «Con los dos hermanos empezó realmente todo», admite rotundo Ibarzabal. Pero en paralelo, el protagonista de la novela se pregunta “si ha merecido la pena” tanto desgarro. Cuando el protagonista vuelve de un exilio que paradójicamente no consta en registro oficial alguno, asiste con desagrado a una realidad por la que no había luchado. Y en la otra orilla de la trama, Ibarzabal aporta otro inesperado registro en su vida alternativa de Brighton: el amor, o lo que algunos llaman amor, puede también dar lugar al crimen.

Juan M. Gastaca

«Cincuenta semanas y media en Brighton» en El Diario Vasco.

Publicado por el 09 Abr 2015

Cuando Eugenio Ibarzabal explicó a Ramon Saizarbitoria la historia que estaba escribiendo éste le contestó: «¿No estarás intentando contar un ‘Guerra y paz’ a la vasca?». E Ibarzabal replicó: «No… pero casi. ¡Ya me gustaría! He tratado de relatar la ‘guerra’ de nuestro país desde la ‘paz’ de Brighton».

El consultor, escritor y periodista Eugenio Ibarzabal ha cumplido 64 años y un viejo proyecto: una novela con aire clásico «donde no hay tesis, sino historias y acción: gente a la que pasan cosas». Ibarzabal publica ‘Cincuenta semanas y media en Brighton’, la peripecia de un bilbaíno maduro que viaja a Inglaterra en busca de «una última oportunidad vital» y termina revisando la historia del último medio siglo del País Vasco, desde el nacimiento de la violencia. «Hay una pregunta que sobrevuela todo el relato: ‘¿Mereció la pena todo lo que hemos vivido aquí en este tiempo?», reflexiona Ibarzabal. «La respuesta, o las respuestas, están en el libro», añade.

-¿Por qué ha elegido la ciudad inglesa de Brighton como escenario para contar el pasado vasco?
-Brighton es la ciudad que eligen muchos ingleses para reinventarse, el lugar donde es posible empezar una nueva vida. Ahí llega el protagonista de la novela, un bilbaíno de unos 70 años, con idea de empezar de nuevo. Para mí este libro tiene también algo de homenaje a Inglaterra. Mi mujer es inglesa, de Epson, y me gusta mucho ese país. He pasado una larga temporada en Brighton y ubico en otros escenarios ingleses, como Canterbury o Cornualles, partes esenciales de la trama.
-Ha sido usted periodista, consultor… ¿por qué ahora esta novela?
-Hace 25 años escribí una primera novela, ‘La trampa’. Ésta no tiene que ver con aquella. En primer lugar, es una novela larga: acostumbrado a resumirlo todo en estudios y en informes, quería explayarme y escribir 500 folios en los que, paradójicamente, pienso que no sobra nada. Quería escribir como los clásicos: con perdón por la comparación, mis modelos eran Dickens, Balzac, Tolstoi. Mi hijo me dijo una vez: no me hagas el análisis de los recuerdos, solo cuéntamelos. Y eso he intentado ahora.
-Lo hace compaginando su ocupación profesional con la literatura…
-Me voy retirando poco a poco de mi trabajo de consultor, dedicado solo a asuntos especiales, y me doy más tiempo para los proyectos personales como escribir.
-La novela descansa en un protagonista que intenta empezar una nueva vida al filo de los 70 años…
-Sí, ese protagonista es mayor que yo: que nadie busque un perfil autobiográfico en el personaje. Es un vasco que va a Brighton para abrir la que puede ser la última oportunidad de su vida. Pero a la vez, en el libro va apareciendo un repaso a su biografía, que es la historia de este país en sus últimos cincuenta años, con todo el dramatismo que hemos sufrido. Asistimos al nacimiento de la violencia aunque nunca se explicitan siglas: se habla de ‘la organización’ y del ‘partido’.
-Y hay un suceso que lo cambia todo.
-El 18 de julio de 1961 se intentó el descarrilamiento de un tren con excombatientes franquistas. Eso lo cambia todo, efectivamente. Para escribir el libro he buceado en archivos y sumarios que ahora ya pueden ver la luz. En El Ferrol, por ejemplo, encontré detalles curiosos de este sumario, como los tirafondos o tornillos empleados en la acción.
-La novela habla de la historia vasca desde dentro y a la vez desde fuera.
-Exactamente. Salen personajes con su nombre real, como el lehendakari Agirre, y otros que se intuyen. Hay una idea que sobrevuela todo el relato: ¿mereció la pena todo esto que hemos vivido? Cada uno responderá de una forma. ¿Había alternativas? ¿Se buscaba un enemigo exterior para ocultar los enemigos interiores? Lo que me queda claro es que la lucha intergeneracional resulta inevitable: a ninguna generación le sirve lo que le cuentan sus mayores; hay que experimentarlo todo en carne propia, repitiendo errores y fracasos. Es una pelea estéril pero parece que inevitable.
-En el libro hay más: el personaje descubre otro mundo, un contrapunto, en Inglaterra.
-El protagonista viaja solo a Brighton y termina buscando un amor, como siempre ocurre. Conoce a otras mujeres, más libres y diferentes a las que él ha encontrado en su pasado. Es otra parte del libro que me he interesado mucho, y para la que he hablado con muchas mujeres. Hay una sexualidad explícita que sorprende al protagonista.
-Al final de la historia hay una tercera vuelta de tuerca.
-Sí, todo deriva en un thriller que espero que sorprenda. Cuando lo escribí me daba miedo que pudiera parecer irreal, pero luego la actualidad me tranquilizó: la realidad ha superado las ficciones que imaginé.

Mitxel Ezquiaga.

Serrano Suñer, Jacobo de Alba, el Padre Llanos y el final de la violencia

Publicado por el 05 Abr 2015

Está de moda decir que hay que “mantener el discurso” y que no están dispuestos a que se lo “roben”. A respetar, obviamente. También leo estudios sobre lo poco que, al parecer, hemos hecho los vascos contra el terrorismo. En algunos años tuvimos que escuchar aquello de que la sociedad vasca estaba “enferma”; ahora se nos dice que, además de enfermos, hemos sido unos cobardes. Nunca ha salido nada malo de estudiar. Es precisamente por eso que hoy propongo, incluso, algunos estudios más.
Creo que sería bueno un estudio sobre la actitud histórica de la sociedad española hacia el franquismo y su aceptación real. Sería del máximo interés recordar cuántos decidieron ser “apolíticos”, los que optaron por “vivir y dejar vivir”, cuando no disfrutar de su “paz”.
Otro estudio debería profundizar en el porcentaje de gente que realmente luchó contra el franquismo, de un modo u otro. Sin olvidar el apoyo real que la sociedad española dio a represaliados, detenidos, familias de encarcelados y asesinados, así como de los que lo denunciaron o salieron a la calle por ellos. Es decir, convendría saber por el porcentaje de “cobardes” y de “valientes”. Aquí y en todas partes.
Todo ello nos daría una visión más objetiva y más exacta de cómo sucedieron realmente las cosas, y, a partir de ello, elaborar un discurso de lo que ha sucedido entre nosotros a lo largo de estos años. Sé que alguno puede pensar que estoy “uniendo churras con merinas”. Pero a mí me parece que no, que lo que estoy proponiendo es que pongamos sobre la mesa todo lo que sabemos de sufrimiento y de maldad, y que, una vez puesto, lo observemos, nos miremos a la cara los unos a los otros, nos cojamos de la mano y elaboremos entre todos un discurso muy breve, que solo diga una cosa: nunca más. Qué verdad es aquello de que la memoria es selectiva. No quiero herir a nadie; pero sí decir que últimamente me siento herido.
Dicho eso, afirmaré que no quiero juicios sobre el pasado, que no soy nadie para juzgar a otros, del mismo modo que considero que tampoco otros tienen autoridad moral alguna, entre otras razones porque, conociendo sus trayectorias ideológicas, mucho nos tememos que tienen los resultados en la mesa antes de comenzar a efectuar el examen. O dicho de otra manera: que no me fío un pelo.

Llanos

La gripe me ha permitido que “caigan” aún más libros, y esta vez me ha dado por biografías vinculadas a la guerra civil: Serrano Suñer, José María Llanos y Jacobo Alba, el duque y embajador franquista en Londres, padre de Cayetana. Ya ven. Observo la importancia de los asesinados en la vida posterior de las personas más cercanas. Serrano Suñer y el Duque de Alba siguieron (eso sí, guardando las formas) impertérritos en su odio, hasta el final. ¡Qué frases para el recuerdo!… Jamás se les escuchó acercamiento propio alguno hacia el sufrimiento de los demás. Comparo su trayectoria con la de Llanos, al que mataron dos hermanos inocentes, de la manera más cruel. Muy a pesar del terrible ego del cura, de sus aciertos y errores, no tengo duda alguna de quién encontró la paz y quién no. Y también de con quién se puede construir. Hay personas que, a pesar de lo que han sufrido, me dan miedo. Si los asesinados pudieran hablar, qué nos dirían hoy a unos y a otros. Porque la desgracia es que no son muertos los que ahora nos hablan, sino vivos.

Dos entrevistas a propósito de «Cincuenta semanas y media en Brighton». una con Almudena Cacho en EITB. http://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/mas-que-palabras/audios/detalle/3108362/eugenio-ibarzabal-50-semanas-media-brighton–radio-euskadi/
Y otra en El Mundo, con Joxean Izarra: «Reza, hoy juzgan a tu primo». http://www.elmundo.es/pais-vasco/2015/04/05/55210010ca4741be648b4570.html

El Mundo

«Cincuenta semanas y media en Brighton» ya en la calle

Publicado por el 20 Mar 2015

“Cincuenta semanas y media en Brighton”, mi segunda novela, sale a la calle la próxima semana.
Hay un momento en la vida en el que uno puede pensar que ya está, que esto da lo que da, que no va a haber más de lo que hay, y que toca conformarse. Pero, al mismo tiempo, uno puede no ser capaz de negar la sensación de que se ha perdido algo muy importante en esa vida. Al protagonista, Benja, le sucede esto, y es precisamente por esto por lo que decide iniciar una nueva vida, marchar a Brighton y volver a empezar. A pesar de todo. ¿Y eso cómo se hace?… ¿Es posible? De su vida anterior, lo que parece traerle aún un buen recuerdo es su primer amor, Anne, una muchacha de Canbo que un día apareció en su casa de Deusto, en Bilbao.
Pero vivir en otro país y en otra lengua, hacerlo solo, y a una determinada edad, no es fácil. No se sabe bien si les entiendes ni si te entienden. A través de una organización de andarines, “Ramblers”, muy popular en el Reino Unido, comienza a conocer a otros, pero sobre todo a otras, que se le abren a unas relaciones muy diferentes a las que hasta ahora él había vivido. Mujeres generosas, de las que se va a enamorar, recobrando la ilusión, las ganas de vivir, pero descubriendo también abismos afectivos completamente nuevos para él. Todo ello va a quedar marcado en su diario.
Como lo que le sobra es tiempo, escribe también su vida. Su compromiso político en la segunda mitad de los cincuenta en Bilbao y el casual encuentro con otros jóvenes que, paralelamente, van a iniciar otras vías de lucha contra la Dictadura que les va a llevar al intento de descarrilamiento de un tren de excombatientes el 18 de Julio de 1961, lo que abrirá un foso definitivo entre las dos generaciones. Y Benja lo cuenta no con la perspectiva de hoy sino con la del testigo ingenuo que ve nacer otro mundo, que duda, que opta y que ve como esa escisión va a arrastrar y dividir finalmente a su propia familia, porque, en el fondo, lo que nuestro protagonista va a contar es la historia de una familia, algo más grande tal vez de lo que es una familia normal, pero en la que en un primer momento se conocen todos. Luego ya no, porque cuando el odio llega ya no hay nada que hacer: es demasiado tarde.
Le queda una reflexión final: ¿mereció la pena tanto sufrimiento y tanto sacrificio?…
Un viaje que se inicia en el Bilbao de los años cincuenta, y que se sucede a través de San Juan de Luz, París, Brighton, Londres, Canterbury, Escocia y Cornualles. Corre paralelo con las ganas de escapar y el deseo de desprenderse de los secretos de los que ha sido testigo.
Finalmente las dos historias, que en apariencia nada tienen que ver la una con la otra, terminan convergiendo, hasta llegar a convertir la tercera parte de la novela en un final sorprendente, en un auténtico “thriller”, que eso, y no otra cosa, es la novela.

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Os presento tres opiniones de quienes han leído el libro:

“La novela se lee sin esfuerzo, con interés creciente, gracias al ritmo que crea la alternancia de lugares, épocas y personajes. Las reflexiones que dan densidad a sus páginas son siempre interesantes, y muy poco comunes en la literatura vasca”. Bernardo Atxaga.

“Benja se acerca en Brighton a mujeres que, generosas, le permiten conocer mundos para él desconocidos, que explora, a pesar de la edad, con la curiosidad y osadía de un adolescente.
Mientras pone en orden su pasado, encuentra en ellas aliadas que le inspiran; pero su verdadera sorpresa será el descubrimiento de un presente y un futuro donde caben aún el amor y, sobre todo, la ilusión de vivir”.
Concha Rodriguez.

“¿Novela histórica o historia novelada? Qué más da si “Cincuenta semanas y media en Brighton” te introduce en aquella escena cuando todo era puro ideal, tan potencialmente peligroso precisamente por eso mismo. Capítulo tras capítulo, uno se siente continuamente tentado a poner los nombres reales sobre los figurados. Ibarzabal nos lleva de la mano a la fuente del bien y del mal, y al aire de la época, magistralmente descrito, que contamina nuestros actuales juicios. Porque si entonces todo eran prejuicios, hoy todo son post-juicios. Un viaje a donde todo comenzó y que nos recuerda con Benja que el compromiso tiene un precio que siempre se acaba pagando”. Txema Montero.

^^
Han sido tres años de trabajo, aunque, en realidad, tan solo uno a la hora de escribir los quinientos folios. Quería explayarme y escribir un libro que le gustara a mi mujer, y a mi mujer lo que le gustan son las buenas historias. Un día mi hijo, al preguntarme por el pasado, me dijo: “no me cuentes opiniones, porque opiniones tenemos todos. Cuéntame vidas y yo luego sacaré mis propias opiniones”. Eso es exactamente lo que he hecho: contar historias, contar vidas, inspiradas en personajes reales en algunos casos, imaginadas en otros, pero no dar opiniones, no juzgar.
Para eso están los lectores del libro.
Ah, a mi mujer le ha encantado. De mi hijo no tengo aún noticias.

– El libro estará en las principales librerías a partir del 25 de Marzo, al precio de 12 Euros.
– También se puede descargar desde Amazon, al precio de 3 Euros.
– Si le resulta más fácil pedírmelo, le enviamos contra reembolso.
– Presentación en Donostia: 23 de Abril, jueves, a las 7 de la tarde en Elkar, Donostia, Fermín Calbetón 21.
– Presentación en Vitoria: 22 de Abril, miércoles, a las 7 de la tarde en “La Casa del Libro”. Arka, 11.
– Presentación en Bilbao: 21 de Abril, martes, 7 de la tarde en la “Casa del Libro”, Urquijo, 9.
– Distribución: Bitarte.

Si crees que esta información puede ser de interés para alguien que conoces, te ruego que le reenvíes estas notas. Te quedaré muy agradecido.

Yo no soy Charlie

Publicado por el 10 Mar 2015

Constatamos una nueva barbaridad, esta vez en Dinamarca. Esta vez no hemos escuchado aquello de “Yo soy Charlie”. Lo diré sin ambages: yo no soy Charlie. No creo que la libertad de expresión esté por encima de todas las cosas ni que sea el valor supremo. Creo que la prudencia, en muchos casos, es un valor superior, sobre todo cuando hay vidas en juego.
Insultar es, según la RAE, ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones. Y es, a mi juicio, lo que algunos han hecho, se reconozca o no; en un momento, además, de extraordinaria gravedad y sensibilidad.
Obsérvese que estoy constantemente conjugando el verbo creer, y es que los que creemos una cosa y los que no creen en ella, los que creen que la libertad de expresión está por encima de todo y los que no creemos en eso conjugamos el mismo verbo: creer.
También observo que de la misma manera que hay personas religiosas muy peligrosas, hay también antiteístas que están sembrando semillas igual de peligrosas: decir como ha dicho Richard Dawking que la religión es «uno de los mayores males del mundo, comparable con la viruela«, puede animar a algunos al mimo tipo de erradicación; lo mismo que Sam Harris, otro teórico del “Nuevo Ateísmo”, cuando afirma que “si tuviera una varita mágica y tuviera que elegir entre eliminar del mundo las violaciones o la religión, no dudaría en eliminar esta última”. Cuando Harris afirma que los ateístas no tienen sangre en las manos, quiero ser generoso y pensar que lo suyo es la neurociencia, no la historia reciente. Le recomendaría, tan solo como un ejemplo, leer el libro de Tatiana Goricheva, «Hablar de Dios resulta peligroso».
Como de libertad de expresión se trata, supongo que algunos respetarán la mía; a lo único que aspiro hoy es a que no me insulten. En todo caso, puedo aguantar.

Griego. Ministro

Me gustaría mostrar el tipo de viñetas que han pululado en Grecia en estos días. Se puede ver al ministro de finanzas alemán, en su silla de ruedas, vestido de negro, degollando a un prisionero, de túnica naranja, que representa a Grecia. Supongo que eso será también libertad de expresión. Pero no se me negará que generan un “estupendo” clima de armonía y sensibilidad en la otra parte para encauzar una negociación tan difícil como la que se traen entre manos. Las declaraciones de Schäuble habrán podido ser más o menos afortunadas, pero la viñeta es, sencillamente, algo incomparablemente más grave, que se vuelve contra quien la publica.
Detrás del debate sobre qué hacer en Grecia existe un dato incontestable, que está en el origen de todo: el Gobierno griego de Samaras mintió a la hora de ingresar en la UE. Y el engaño no fue descubierto por Bruselas, sino denunciando por el Gobierno socialista de Papandreu, que se vio con la peor herencia que se podía encontrar. El rescate vino después, no antes. Detrás de todo este embrollo no hay más que un problema de confianza. Bruselas no teme sino que un acuerdo hoy no tenga más futuro que todos y cada uno de los acuerdos anteriores, es decir, ninguno.
Es curioso que algo tan hermoso como la austeridad tenga hoy, aunque mayormente en nuestros lares, una imagen tan crítica. ¿Es que la austeridad es cosa mala?… Yo diría que no. No ha sido así a lo largo de la historia. Es más, en algún momento fueron muchos los que dijeron que sería algo que nos ayudaría a escapar de la malsana vorágine consumista en la que nos habíamos metido antes de la crisis. El problema de la austeridad es que, para ser asumida, ha de ser impuesta a todos. Y la impresión que existe en Grecia –y en otros lugares– es que la austeridad no ha sido igual para todos. El ejemplo del trato que los griegos han dado a sus propios inmigrantes, demuestra que hasta los necesitados han sido injustos con los que lo son aún más.
El Gobierno griego tiene una gran oportunidad, y es lo que su ministro de finanzas ha dicho en privado en sus recientes viajes por Europa: ellos no pertenecen al sistema, no son, pues, cautivos de la gente privilegiada griega, y pueden ser los únicos en aplicar las reformas –lo decida la troika o lo decidan ellos– a los que hasta ahora han escapado de la austeridad. La transparencia es un encuentro con la realidad. Ese es el reto; lo otro, música celestial.

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