Eugenio Ibarzabal

Recomendaciones para un matrimonio duradero. Diario de Septiembre.

Posted by on Sep 26 2015, in Sin categoría

El pasado domingo estuve en una boda. El sacerdote dijo dos cosas: una en la que estoy de acuerdo y otra en la que no. Preguntó qué es lo más fácil de lograr en este mundo. Coincidí con él en la respuesta: equivocarse. Podemos errar al elegir bien o mal a una persona; también al separarnos sin aprender el verdadero porqué. Alguien me señaló en su momento que el verdadero problema no consistía en el fracaso del primer matrimonio, sino en repetir el fiasco con el segundo: significa que no has entendido nada y que, en consecuencia, de seguir así, la lista de intentos fallidos podría llegar a ser interminable.

No estuve sin embargo de acuerdo cuando señaló a los novios que, a partir de ahora, ya no existía eso de “tus amigos y mis amigos”, “tus aficiones y mis aficiones”, o “tu familia y la mía”. Habría que hablar, según él, de “nuestros amigos, nuestras aficiones y nuestra familia”. Estuve a punto de levantar la mano. Al igual que el testigo que se ve obligado a reconocer en alto un obstáculo que impida la boda, habría dicho que creo que no es cierto, pues en un matrimonio sano, y en consecuencia, duradero, hay tres vidas en juego: las dos de los cónyuges y la tercera que hacen los dos en común. Por otra parte, dudo de la posibilidad real de que, a partir de un momento dado, deje de existir eso de “tu familia” y “mi familia”, para convertirse, en adelante, en “nuestra familia”. Ya, ya, pensé. Pero no levanté la mano. No soy tan “aguabodas”.

Camas separadas en la Iglesia anglicana.

El comentario tiene actualidad. El primado de la iglesia anglicana, Justin Welby, nombrado hace no mucho en el afán de unir a las distintas sensibilidades anglicanas, está a punto de echar la toalla. Ha convocado una asamblea en Enero para dilucidar qué hacer, toda vez que el acuerdo entre conservadores y liberales en materia del tratamiento del poder (relaciones internas entre las diferentes iglesias y el arzobispado) y el sexo (reconocimiento de la homosexualidad o no), se ha convertido en imposible. Y al ser preguntado si se trataba de un divorcio interno entre las diferentes iglesias, ha dicho que no, que a partir de ahora sería un matrimonio que “dormiría en camas separadas”.

Una aclaración: los que demonizan a propósito de dormir separados, o bien no saben de lo que hablan (lo más probable) o viven en una casa cuya extensión no lo permite.

Pero más allá del acierto de la imagen, el debate me suscita una conclusión: nos encontramos con que el arzobispo de Canterbury, en aras a encontrar una solución, parece que va a hacer uso de la teoría de las tres vidas: la de los conservadores, la de los liberales y la que quieren tener en común como iglesias anglicanas que son.

Tres debates de interés en torno al 27 S.

La campaña catalana trae a colación tres debates.
Primero. No sólo se pone a votación la independencia de Cataluña, sino también la alternativa del miedo para impedirla. Están por ver las consecuencias electorales de la tremenda campaña del Estado: si va a conducir a algunos catalanes al repliegue o, por el contrario, a decir: “ya está bien”. Está, pues, a votación lo uno y lo otro
.
Segundo. El imperio de la legalidad. El derecho a casarse que Javier Maroto ha ejercido, ¿ha sido consecuencia de la legalidad o era previo?… El derecho, de existir, vendría antes, y la legalidad, en su caso, no habría hecho sino reflejarlo luego. La legalidad siempre es posterior. Y de creer en la crónica de la boda, es precisamente ese derecho lo que los dirigentes populares celebraron bailando todos a la conga.

Pero hay más: puestos a hablar de legalidad, de la misma manera que el Estado no puede decir que no paga las pensiones a las personas que han cotizado (se trata de un compromiso del Estado y un derecho garantizado), dudo mucho que Europa pueda decir que los catalanes que hoy forman parte de la UE dejan de ser ciudadanos europeos. Una cosa es el reconocimiento del Estado catalán y otra la supresión de los derechos adquiridos en la Unión Europea por parte de los ciudadanos catalanes.

Tercero. Todos los españoles parecen tener derecho a decidir sobre el futuro de Cataluña, no sólo los catalanes, se nos dice. ¿Poseen también los catalanes el derecho a decidir sobre el futuro de esos 16.000 millones de saldo neto que cada año aportan, por ejemplo en Andalucía, o han de limitarse a su obligación de traspasarlos, sin más, siendo los andaluces los únicos que deciden su propio futuro?… Es decir: política económica, objetivos, destinatarios, modo y criterios de gestión. ¿Con qué autoridad moral va a Cataluña la presidenta de Andalucía a decir lo que los catalanes tienen que hacer, con el desastre de los resultados obtenidos, en todos los ámbitos, muy a pesar del dinero que, año tras año, recibe de los demás?… ¿Es para asegurar su paga?…

¿Qué es lo que más nos conviene?…

En todo caso, ¿por qué no mirar lo sucedido de otra manera?… Quizá la teoría de las tres vidas nos pueda orientar. Una separación es, se reconozca o no, la constatación de un fracaso: “no tenemos nada en común, ni podemos obtener más provecho estando juntos; en consecuencia, separémonos”. Lo veríamos claro a la hora de querer solucionar la convivencia y las reglas de juego en el caso de una familia: se trataría de que nadie se ponga por encima, ni dijera al otro lo que está bien o mal, e intentaríamos distinguir ámbitos. La vida en común podría ser luego mayor o menor. Lo de las tres vidas vale también como reflexión para unos y otros. Al final la pregunta, a mi juicio, es: ¿cómo podríamos las personas estar mejor?…

Dejemos, atrás, al menos por un momento, el “quién tiene más razón”, “cómo empezó todo” y “quién ha sido más innoble”. Ha pasado lo que ha pasado y ya no hay vuelta atrás. Puestos a mal, las dos partes tienen una enorme capacidad de chantaje, hacerse mucho daño y durante un largo tiempo. Esto se puede convertir en un “pierdo, pierdes” de fatales consecuencias. Las preguntas, creo, son: ¿qué es lo que más nos conviene?… ¿Cómo lo podemos dejar mejor?… El hacer bien la pregunta es fundamental, pues la respuesta viene derivada de la pregunta que se formule: no es lo mismo: ¿podemos?, ¿queremos?, ¿tenemos derecho?, ¿nos conviene?… Cada pregunta conlleva respuestas diferentes. La humanidad no tiene solución, pero hay soluciones que pueden dejarla mucho mejor de lo que estaba con anterioridad, con sus ventajas e inconvenientes. Por un tiempo.

Personas, no ideologías.

Acabo de firmar un manifiesto dirigido a Greenpeace. El “arroz dorado” combate la ceguera infantil que afecta a cientos de miles de niños al año. Es un arroz transgénico que acumula pro-vitamina A en cantidad suficiente como para aportar la cantidad diaria necesaria a la dieta de arroz habitual en muchos países del sudeste asiático y África subsahariana. Ha sido desarrollado con dinero público. Las empresas propietarias de las patentes implicadas han cedido sus derechos para que el Instituto Internacional de Investigaciones del Arroz desarrolle las variedades comerciales y sean disponibles, sin coste añadido, para los agricultores de países en desarrollo que ganen menos de 10.000 dólares al año. Greenpeace, a pesar de todo, se opone. Solo pedimos a Greenpeace que deje de oponerse. ¿Cómo puede su ideología hacerles ser tan crueles?… ¿Cómo puede Greenpeace oponerse a evitar la ceguera infantil?… ¿Ideología o personas?…

Termino con la biografía de Ramón Mercader, “El hombre del piolet”, el asesino de Trosky, de Eduard Puigventós. Me quedo con una frase de su madre, Caridad, una agente soviética que influyó de manera decisiva en la vida de su hijo y que llevó la desgracia allí por donde pasó. La frase dice así: “yo solo sirvo para destruir el capitalismo, no para construir el socialismo”.

Lo más fácil de hacer en esta vida es equivocarse. Conociendo el desastre que ha sido la historia de España, creo que la frase, centrada en el destruir y construir lo que sea, puede servir de recordatorio para todos.

Comments

  • ramonsanchofortichramon

    bien, como siempre. Saluda a Idoia Estornes

Trackbacks and Pingbacks


Reply

10 − Diez =