Eugenio Ibarzabal

Diario de Octubre

Posted by on Oct 26 2014, in Sin categoría

Conflictos en la administración. Se utiliza la argumentación de “pública” para defender unos intereses, respetables, pero que son estrictamente privados. La justificación es el “servicio público”. Pero no porque se trate de educación, sanidad o transportes los intereses de esos trabajadores dejan de ser privados. Se habla de la “calidad” del servicio público, pero son condiciones laborales, tan discutibles y respetables como los de los trabajadores de las organizaciones no públicas. Escuchando lo que dicen algunos, da la impresión de que van a la huelga en solidaridad… con los intereses de los demás.
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Se cumplen veinticinco años que comencé a trabajar por cuenta propia. Tras la romántica idea del emprendedor se esconde mucha soledad. De repente, uno se encuentra con que no hay otros, no hay red, no hay conocimiento del mercado, las personas con las que se trabaja no tienen los mismos valores, expectativas ni ganas de comprometerse.
Hay un discurso en favor del emprendizaje. Pero cuando ese emprendedor se ve obligado a convertirse en empresa y pasa a ser un pequeño empresario, empieza a ver crecer la envidia y la desvalorización. De emprendedor era un ingenuo; ahora que se ha hecho empresario es… lo que es fácil de imaginar. En otros lugares no es así, pero aquí sí. Eso, en el caso de que le vaya bien. Porque, en caso contrario, es alguien que se “creyó” diferente a los demás, que se separó del grupo, por lo que el fracaso lo tiene bien merecido.
Horas, todas; posibilidad de conciliación familiar, ninguna; vacaciones, ridículas y cuando se pueda; condiciones laborales, las de los autónomos; se compara con las condiciones de otros y se pregunta cada día “qué demonios hago yo aquí”; dice que es autónomo y tiene que escuchar que es un defraudador sistemático. En definitiva, un placer.
A veces se gana más que un sueldo. Otras no. En la inmensa mayoría de los casos difícilmente se va a llegar a ganar lo que un alto empleado de la administración o de un cargo directivo de una gran compañía. Compartir la vida con un emprendedor, no parece, pues, muy recomendable. Y, sin embargo, no solo hay futuro para ellos, sino que el futuro de la sociedad depende en parte de que exista gente como ellos.
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Vuelvo de una semana de viajes por Ávila y Granada, y en este contexto tomo contacto con personas que conocieron a Manuel García Viejo, el misionero que murió hace unos días. ¡Qué manera de hablar de él!… En este mundo en el que todo son noticias de “sálvese el que pueda”, y “qué hay de lo mío”, hay gentes cuyo lema es salvar al que se pueda y que ya no recuerdan qué es lo suyo. Ellos sí que son “Patrimonio de la Humanidad”. ¿Tendría sentido un Premio a la Gratuidad?… Él hablaba del ébola como del “último invitado que acababa de aparecer”… Me encuentro con el hecho de que hay religiosos que siguen trabajando a sus setenta, que no se quejan, que sonríen y encima preguntan por ti. Cuando a veces decimos que nos hemos convertido en unos egoístas, la respuesta es: algunos sí, otros no.
Tengo la oportunidad de hablar con un hombre muy enfermo que va a morir, lo que no obsta para que participe en las reuniones como el que más. Le pido hablar de su experiencia, accede, y le escucho hablar en el presente con una atención que me sobrecoge. Solo pide compasión –es decir, hacerse uno con él–, no lástima; y hablamos del miedo, que aún no tiene, pero para el que se prepara. Observo que no tengo nada que decirle, sino estar ahí y escuchar. Es un año más joven que yo, pero parece veinte años mayor. Sonríe con frecuencia, contesta con precisión y vive con una intensidad que me enternece. Va a morir pronto y, sin embargo, noto cierta envidia hacia él. Le toco los brazos y le abrazo, y me cuesta encontrar algo sólido. No hay más que huesos. Me siento un privilegiado.
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Observo presión de Italia y Francia sobre Alemania, que, por el momento, no va a ceder, y es que para endeudarse, pensará, siempre hay tiempo. La cuestión es: ¿qué autoridad moral tienen Francia e Italia, que van mal, para decirle a Alemania y a los países del Norte que cambien, cuando, hasta ahora, son los que van bien?… Es el recurso… al otro. ¿Qué derecho cree tener un país con dos dígitos de paro, para decir que cambie al que solo tiene uno?… ¿Aceptará Bruselas romper las reglas comunes en el caso de Francia?… ¿Qué cambios ha efectuado Francia hasta ahora?… Nos hemos olvidado del dineral que hasta hace muy poco nos ha llegado de Bruselas en los últimos años. Éramos, y aún somos, unos privilegiados… Ahora bien, comprendo que es tarea poco menos que imposible pedir racionalidad en momentos como los de las tarjetas opacas. En todo caso, la solución con respecto a la aceptación del déficit francés, la semana que viene.
Lo que nuestro país, Euskadi, tiene que hacer, ¿depende exclusivamente de una mayor o menor autonomía política?… Según lo que se haga luego con esa mayor autonomía. Se exige más autonomía para evitar, se dice, recortes. Pero el debate no es, creo, más autonomía o recortes. Una vez “libres”, ¿no habría ya necesidad de seguir mejorando la solidaridad y la competitividad?… ¿Y cómo se hace eso?… ¿Estaríamos dispuestos, de creerlo así, por ejemplo, a romper la dualidad “indefinidos con todos los derechos/temporales sin derecho alguno”, que está obligando a nuestros hijos a emigrar?… ¿No es también esto una cuestión de solidaridad intergeneracional, al tiempo que una estrategia de empleo?… Pero los privilegiados somos ciegos a nuestros propios privilegios.
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Podemos concita la animadversión de muchos. Las informaciones son tan sesgadas que dudo de si llegamos a saber lo que de verdad ofrecen. No pienso como ellos, pero tienen derecho a su propio proceso, como lo han tenido UCD, PSOE y, en nuestro caso, Bildu. Es aire nuevo, aunque no dé la impresión de ser del todo fresco. Tienen fijación por lo público, sospecha de lo privado y prejuicios que les impiden mirar hacia la participación social de Suiza o la combinación y el equilibrio público/privado de los países nórdicos. Pero algunos de los que se enfurecen con Podemos, hablan como si ellos mismos tuvieran aún alguna autoridad moral. Y cuanto más se enfurecen, más pueden los de Podemos.
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El Sínodo era el momento de la verdad para el Papa. No me han sorprendido sus resultados. Me hubiera extrañado un vuelco rotundo, que hubiera sido falso. El hecho de que no se hayan obtenido los dos tercios no debe ser entendido como un fracaso. El cambio ha ganado y ha abierto una brecha definitiva. Vendrán nuevos sínodos. Para empezar, se ha demostrado que hay cosas que son discutibles; ya no vale ir por detrás y presionar –el rechazo a intervenir por parte de Benedicto XVI me parece definitivo–; hay votaciones y se conocen los resultados; y aunque algunos lo consideren decepcionante, lo que se dice de la homosexualidad nada tiene que ver con expresiones anteriores. Quiero recordar lo que ocurrió recientemente con la Iglesia Anglicana, las votaciones iniciales y las votaciones finales, un año después.
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Vuelvo a escuchar este mes una frase que siempre me ha llamado la atención. Al hablar de la convivencia en la pareja, alguien me dice que “discutían lo normal”. ¿Qué es “lo normal”?… ¿Una vez a la semana, dos, tres?… Se habla de lo normal como si éste fuera un dato conocido de todos, contrastado y con respaldo científico.
He observado que cuando algunos hablan de “lo normal” están dando a entender que la inmensa mayoría piensa y actúa como ellos. Lo demás “no es normal”. ¿Y cómo lo saben?… Obsérvenlo.
Termino. Leo que hay polémica con los informativos de EITB. Aquí mi humilde aportación: más precisión en el lenguaje, menos generalización, menos moralina, más datos, y más formación a la hora de hablar de lo que nos toca hablar, sobre todo en los aspectos económicos. ¿Por qué no, salvando las distancias, copiar a los mejores, como los informativos de la BBC o Channel 4?… No todo es cuestión de dinero. Todos podemos mejorar, incluso los periodistas.

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