Eugenio Ibarzabal

Del arrepentimiento

Posted by on Nov 24 2013, in Sin categoría

Esta semana se ha vuelto a hablar del arrepentimiento. Hay quienes insisten en que sólo los creyentes pueden hablar de esto y que, en consecuencia, es un concepto que no puede aplicarse a los demás. Dijeron lo mismo con respecto al perdón. Si el arrepentimiento y el perdón sólo lo proclamaran los cristianos, esto mismo sería una razón definitiva para volver a la fe. Pero arrepentirse, pedir perdón y perdonar es de las decisiones más sanas que las personas, crean o no, en ocasiones, tomamos a lo largo de nuestra vida. Yo al menos me he arrepentido muchas veces; son muchas las cosas que hice y que hoy no volvería a hacer. Cuando alguien me dice: “no me arrepiento de nada”, simplemente, creo no entender nada. ¿Significa que lo hizo todo bien?… ¿Significa que hacer lo que hizo era la única manera de aprender y no volver a hacerlo luego nunca más?… También he pedido perdón con frecuencia, y soy consciente de lo que me cuesta perdonar, muy a pesar de intuir el bien que me podría hacer. A veces no sé muy bien ni cómo empezar.

Sin embargo, lo que también creo es que no soy quién para pedir a los demás que se arrepientan y/o que pidan perdón, y mucho menos en público. No tengo autoridad moral alguna para hacerlo. Además, es completamente inútil, porque es una decisión que compete sólo a ellos. Si a finales de los setenta los demócratas hubieran exigido algo semejante de los franquistas, no se hubiera producido la Transición. Hoy incluso son pocos los que lo han hecho. Por otra parte, hay muchas maneras de mostrar arrepentimiento. Y el arrepentimiento ennoblece, no degrada, como algunos pretenden mostrar.

Ahora bien, si escucho a algunos hoy que, lejos de arrepentirse, se enorgullecen en público de su trayectoria anterior, diré que tal vez estén en su derecho de hacer y decir lo que consideren oportuno, pero que no cuenten conmigo para nada. Me asiste el mismo derecho a proclamar que no quiero saber nada de ellos, ni deseo compartir mesa, ni van a entrar en mi casa, ni voy a acordar con ellos más allá de lo que sea inevitable para evitar males mayores.

Pero esta semana ha constituido también para mí, y creo que para muchos, un antes y un después. Las escenas que hemos visto en el aniversario del asesinato de Joseba Goikoetxea – al que conocí- y en el acto en la Fundación Buesa – vaya mi homenaje más sincero a ambas viudasy a algunas de las personas participantes, como las familias de Brouard o de Lasa y Zabala -, constituyen para mí uno de esos momentos que hacen verdadera historia en este país. Demuestra que, a veces, lo único importante es hacer, mantener la constancia y dejar de hablar sobre lo que hacen los demás. Si crees que hay hacer algo, hazlo, y olvídate de quejarte y criticar.

Ha sucedido lo que ha sucedido en este país – y que cada cual coloque la fecha de comienzo de la barbarie donde la quiera colocar e introduzca los hechos que le han hecho sufrir -. Pero hay una distinción fundamental: hay quienes han conseguido que el odio no les haga sufrir. Han sido los mismos hechos, el mismo entorno, la misma historia para unos y para otros y, sin embargo, unos han podido evitar que el odio los destroce. Creo que esa es la gente a imitar, cuidar y dar a conocer. Eso es lo que hemos visto esta semana: que se puede, o mejor, que algunos pueden. Gracias por lo que habéis hecho. Unos suben montañas, crean empresas, escriben libros o construyen edificios. Creo que nada de eso es comparable con lo que vosotros estáis haciendo: construir la paz en los corazones de las personas. Casi nada. Quizá es la misión que os ha tocado cumplir en esta vida. Habéis sufrido mucho, pero qué afortunados sois.

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