Eugenio Ibarzabal

YA FALTA POCO. Diario de Enero.

Posted by on Ene 31 2015, in Sin categoría

Visito St. Mary Redcliffe, en Bristol. Algunas iglesias, a determinadas horas, son excepcionales lugares de paz en un mundo de caos. Uno puede entrar, sentarse, rezar o no, y en todo caso, por un momento, ser. No hacer, sino ser. En ésta, además, como en tantas otras que uno visita por primera vez, le es ofrecido disfrutar de un paseo a través de sus naves, obras de arte y, sin quererlo, de trozos de su historia. Esta vez me encuentro también con una sorpresa: en la entrada, observo las fotografías y los nombres de los sacerdotes, del staff de gestión y de los voluntarios. Sacerdotes y laicos a la misma altura; unos a la izquierda y otros a la derecha. Luego, los servicios que prestan, las revistas que publican, y los teléfonos y los correos de contacto. Una invitación, una acogida, respetuosa y sencilla. He propuesto muchas veces la importancia de la acogida a muchos párrocos y sacerdotes, pero no he tenido demasiado éxito. Dicen que ya lo hacen. Y tal vez sea verdad.
Encuentro asimismo un péndulo y una inscripción:

Iglesia
“El agua cae lentamente en el centro de un canal transversal, que se inclina a un lado o a otro para dejarla marchar. ¿Pero hacia qué lado se inclinará? Ni con la ayuda de toda la ciencia del mundo se puede predecir. Así es el mundo. Este pequeño dispositivo representa una nueva manera de verlo. Los científicos le llaman el caos. Algunas personas buscan certidumbres sobre las que basar sus vidas. Pero cada vez nos damos más cuenta de que nuestro conocimiento nunca nos dará la seguridad total. Esta máquina es un buen ejemplo. El mundo es un lugar aún más maravilloso y sorprendente de lo que jamás podríamos imaginar”.

Salgo mejor de lo que he entrado. Doy las gracias.

Al día siguiente nuestro hijo nos lleva a un monte cercano. Subimos el Pen Y Fan, que no llega al millar de metros. Me cansa el final y miro a mi hijo. Cuando era pequeño y le llevaba al monte, no se me ocurría otra cosa que decirle ante sus quejas:
“Oso gutxi falta da (ya falta poco)”.
Esta vez ha sido él quien, suavemente, con mucho cariño, ante una mirada mía, me contesta del mismo modo: “oso gutxi falta da, aita”. Y pienso que algo se cierra y se abre a la vez, y que ya falta poco para que, finalmente, yo pueda confiar en los demás y, al mismo tiempo, dejar de intentar controlarlo todo. Le miro y le sonrío.
Cualquiera sabe en lo que en ese momento pueda estar pensando. Por si acaso no se lo pregunto; no vaya a ser que se rompa el encanto.

Alex 1

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