Eugenio Ibarzabal

Releyendo diarios

Posted by on Abr 03 2011, in Sin categoría

Cuando uno lee las reacciones de los “sabios” del lugar con respecto a las revueltas árabes y a lo ocurrido en Japón, suelo pensar: ¿por qué hablan con tal seguridad?… ¿Por qué hablan como si hubieran anunciado lo que iba a suceder unas semanas antes, cuando en realidad demostraron saber que sabían lo mismo que yo?… Veo ego por todas partes, globos, quedar bien, “moralina”, decir lo que tienen que hacer los demás, ninguna reconsideración sobre lo dicho anteriormente… Aburren. Me doy cuenta de que no tiene sentido leer el periódico del día anterior –por favor, guardad los periódicos de un día de esta semana y leerlos de nuevo la semana próxima-, y entonces incluso me pregunto al leer el periódico del día: ¿qué saco yo de todo esto?… ¿me informa o me desinforma?… ¿quién sabe de verdad, cuando los que más financiación, conocimiento e interés tienen, resulta que no lo sabían?… La vida va siempre por delante de uno, de sorpresa en sorpresa, unas veces buenas y otras malas.

Es a partir de ahí cuando empiezo a entender mejor lo que tengo delante, y darme cuenta de que lo único que tengo que hacer es responder bien. Lo de anticiparse tiene buena imagen, pero cada día parece más cosa de suerte; no ser que anticiparse tenga más bien que ver con hacer lo que toca lo antes posible.

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Aprovechando una mañana libre, me dedico a leer diarios de años anteriores. Escribir me ha ayudado mucho a lo largo de mi vida. Los diarios me han servido fundamentalmente para: – parar un poco al anochecer, – repasar y revivir el día. – practicar disciplina, ya que es un esfuerzo que cuesta. – observar lo sentido y soltar lo malo. – y sobre todo reforzar y reforzar. Comprendo que no guste escribir y que haya personas que no se sientan tentadas a hacerlo, por eso y por otras razones. También observo que ha habido momentos en los que no he escrito, y hoy los interpreto como momentos en los que no era capaz de hacerlo, por lo que sea.

Pero la gran sorpresa ha venido al leer los diarios con una cierta perspectiva. No son válidos para recordar historias, porque no están basados en narrar lo que he hecho o han hecho otros ese día. En ese sentido, los que han tratado conmigo pueden estar todos bien tranquilos. Y además, me doy cuenta de que hay cosas íntimas que están contadas con tal discreción que hoy casi no las entiendo ni yo mismo. No hay, pues, secretos “de verdadero interés”.

Lo que sí hay es una constatación: si alguien me preguntara, ¿en qué has mejorado a lo largo de estos tiempos?…, tendría dificultades para contestar. Sé que soy una persona más ordenada, cosa que no era antes, y puedo constatar una mayor intensidad en mi vida, contrastable con tan solo advertir los primeros textos de los últimos. Pero eso no es lo fundamental. Por el contrario, veo un afán de reforzarme constante, y lo curioso es que son las mismas ideas las que me refuerzan, una y otra vez más. Creo que cada día me he dedicado a recordar lo fundamental.

Mi vida no es una línea que va poco a poco para arriba, ni tampoco para abajo, aunque haya momentos muy complicados que den para pensar. Lo fundamental es que se trata de un círculo, un volver a empezar constante, y que siempre es lo mismo: ver-soltar-reafirmarse. Si ese círculo se ha convertido o no en una espiral para arriba, es algo sobre lo que tengo mis dudas. Me he visto repetitivo, sacando a relucir las mismas armas para poder seguir, y muy canso: supongo que quien leyera esos diarios se aburriría tanto que los dejaría muy pronto. Son claramente una herramienta de trabajo, no tienen sentido en sí mismas.

También me ha venido muy bien para revivir tantos momentos buenos… ¡Qué tendencia a reparar en lo malo y olvidar lo bueno, como si lo primero fuera más importante que lo segundo!… Ha habido tantos momentos buenos en mi vida…

Y luego he podido poner en solfa mis primeros juicios sobre personas y proyectos. Me he equivocado tantas veces… Lo que ocurre es que al leer me entraba una duda: no sé si en el fondo confiaba y apostaba para poder seguir, como si fuera una manera de animarme, y al final no ha salido lo que creía pero sí otra cosa, que no hubiera logrado a su vez si no hubiera apostado por algo que, finalmente, no salió. Y luego pensaba: qué importa, no salió esto pero sí luego aquello otro.

También me ha venido una enorme sensación de humildad a propósito de mis juicios sobre el futuro. La vida me ha desbordado por completo. Y en muchos momentos, lo reconozco en el propio diario, me he sentido guiado. En consecuencia, es como para pensar si uno es suficientemente competente como para dedicarse a consultor de desarrollo personal.

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Tenemos una noticia que nos gustaría compartir con todos: se nos encarga la dirección general de una ONG de desarrollo con la que ya estábamos colaborando. Hasta ahora trabajábamos en la sistematización de los procesos de trabajo, pero ahora se nos encarga también la gestión. Se trata de FISC, una organización que lleva proyectos en todo el mundo. La asumimos por un tiempo, en conformidad con nuestra misión, y lo tomamos como un verdadero reto. El responsable directo será Imanol Zubiondo, con el que trabajo desde hace más de ocho años. Un gran profesional del que me siento orgulloso de compartir tantas cosas. Es la segunda colaboración con el mundo de las ONG de desarrollo: la primera fue con Alboan, donde aprendimos mucho.

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