Eugenio Ibarzabal

Paz

Posted by on Oct 13 2009, in Sin categoría

Sí, ya lo sé: llevo un tiempo sin escribir. Uno da lo que da. Pero es que el Proyecto HADA se está convirtiendo en algo muy intenso. Ya lo imaginaba. Y se trataba de poner en marcha el primer grupo de de 380 profesores. Como decía aquel, puedo prometer y prometo que cuesta. Observo las expectativas, los temores y las fantasías, mías y ajenas. Y las dejo pasar. Procuro hacer lo que toca, aquí y ahora, aunque no siempre lo consigo.

Como solo lo bueno importa, hablaré de algo que he vivido en estos días, yendo de la ceca a la meca, presentando el proyecto ante unos y otros. He sentido de todo menos stress. Me he levantado pronto y con ganas, muy a pesar de que no era fácil lo que venía por delante y advertía la pelmada de los viajes, las maletas por hacer y el cúmulo de detalles a recordar y tener en cuenta. Pero tenía un objetivo, sabía lo que me tocaba hacer y me dedicaba a cumplirlo. Como un jinete que se dedica a saltar obstáculos. Pero uno tras otro, y no todos a la vez. Y me he sentido bien, poniendo la atención en un obstáculo detrás de otro. Nunca en dos al mismo tiempo. Me he sentido ligero y en paz. Cada vez que me venía a la cabeza la idea de “qué cansado estás”, dejaba este mal pensamiento a un lado. De haberle hecho caso, me hubiera sentido todavía más cansado. Era preciso, pues, pasar. Hasta llegar a la cama y, entonces sí, descansar. He recordado algunos episodios de stress anterior, y me he dado cuenta, una vez más, de que estar sanamente ocupado es lo mejor para evitarlo. No sé muy bien lo que es la felicidad, pero sí sé lo que es la paz, porque la he vivido, a pesar de todo.

Estoy impartiendo seminarios en ADEL y en ADEGI. Cada vez los preparo menos. Entiéndaseme bien: no es que me crea más capaz. Al revés, cada vez me creo menos. Pero si los preparo demasiado previamente, esto me impide estar igual de atento ante las preocupaciones, inquietudes y preguntas de los que me escuchan. Trato de entender lo que me dicen, meterme en su mundo y ponerme en su lugar –lo expliquen bien o menos bien-, y a partir de ahí responder con la máxima humildad y respeto. Y para ello tengo que evitar ir con un esquema muy elaborado. Funciona.

Vivir. Itinerario de Innovación Personal”, el nuevo libro, es un poco como las memorias que nunca escribiré. Creo sinceramente que está lo mejor que yo he conocido y vivido. Es curioso, pero me ha hecho bien. Si alguien me preguntara por qué escribo, contestaría que, antes de nada, para encontrarme a mí mismo. Y si, de paso, puede venir bien a alguien, mejor que mejor. No es que haya tal vez grandes novedades, pero sí que observo que cuento lo mismo de otra manera. Pero noto la diferencia con las primeras reflexiones. Ahora me siento más deudor de la vida. Sé quien inicia la trama, y sé quién se limita tan sólo a responder. Veo a la persona como una piedra viva, que se deja moldear por la vida, como si de una gran escultora se tratara, a la que no siempre se le entiende, pero de la que la experiencia demuestra que quiere sacar lo mejor de uno. Y cada vez más, esa vida me genera confianza. Abandono y confianza. “Limítate a responder lo mejor que puedas, me digo, y olvídate de todo lo demás”… No crean, tiene su cosa.

Y algo de esto he sentido al ver “Si la cosa funciona”, de Woody Allen. Tengo la sensación de que hablamos de lo mismo. En el fondo, y ya son varias las películas en el mismo sentido, es el reconocimiento de que hay una trama previa que nos supera, atrae y juega con nosotros. Trama ante la cual, algunas de nuestras pretensiones, creencias e iniciativas, resultan verdaderamente ridículas. En este sentido, el patético protagonista de la película me parece una estupenda imagen de la sociedad moderna.

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