Eugenio Ibarzabal

La Teoría de la Conspiración

Posted by on Nov 29 2010, in Sin categoría

Cena con una buena pareja de amigos en casa. Terminamos discutiendo. Surge un argumento que no comparto: la teoría de la conspiración, y además supongo que me sale el ego. Pero lo explico.
Ha quedado como si fuera lección aprendida que toda la culpa de lo que nos sucede, desde el punto de vista económico, es responsabilidad de eso que se llama “los mercados”, y que además están geográficamente muy lejos de nosotros. Es una explicación perfecta para ser asumible por la naturaleza humana porque:
– es simple y fácilmente entendible,
– tiene culpable único y claramente identificable,
– nos exculpa a todos los demás,
– nos evita responsabilizarnos,
– y nos hace pasar por buenos contra los verdaderamente malos.
Poca simpatía siente uno por los bancos, la verdad, y a tenor de lo ocurrido, una de las consecuencias que se obtiene es aquello de que “la avaricia rompe el saco”. Además de que muchos de los que hablan de eficacia y eficiencia –hay que citar las dos porque en caso contrario no estás al loro- han demostrado ser una panda de incompetentes.
Es obvio que hay un chantaje por parte de los bancos. Pero demos un pasito más: si a uno le dicen que determinada entidad se ha ido al garete y con ella sus ahorros de toda la vida, ¿exigirá la intervención y el apoyo de la administración, o seguirá quejándose de lo injusto de la posible ayuda y pedirá que no se haga?…
Confío que nuestros buenos amigos, a los que queremos mucho, vuelvan a querer cenar con nosotros en nuestra casa.

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A mí me parece que el origen de esta crisis es que hemos gastado más de lo que teníamos: personas normalitas, empresas, administraciones y bancos. Cada cual en su proporción. Ahora tenemos deudas, y los que tienen se aprovechan de los que no la tienen, entre otras razones porque temen la posibilidad de no reembolso. Vemos la necesidad de regular, pero en el fondo se advierte de que es muy difícil poner vallas al campo, porque regular significa también constreñir.
Por otra parte, no hay quien tenga demasiada autoridad moral para influir. Hace unos días, en una reunión sobre innovación en Bilbao –una más-, un ex alto responsable de un banco muy conocido, empezó a dar lecciones a un público mayoritariamente de gente joven sobre lo que había que hacer. Un joven se levantó y le preguntó por los millones de euros que se había llevado como remuneración antes de abandonar el banco. El ex responsable, que al parecer no esperaba la pregunta –lo que ya es un síntoma-, contestó que este tema era una cuestión privada que nada tenía que ver con los objetivos del evento.
En más de un momento, y dado el pesimismo actual, a uno le viene con frecuencia la impresión de que en España, o bien interviene Europa o no hay nada que hacer. Por sí misma, no se mueve.

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Leo el libro de Benedicto XVI. Con él siempre me ha pasado lo mismo: se puede o no estar de acuerdo, pero no dice tonterías. Lo que dice está pensado y argumentado, aunque en algunos momentos a uno le quede la duda sobre lo que la Iglesia “puede o no cambiar y sobre qué”. Ciertamente, no soy doctor y Ratzinger tiene la máxima autoridad para opinar. Leyendo el libro, me ha quedado también la impresión de que algunas perspectivas, cuestiones y debates que nos planteamos son muy europeos, y que lo vemos todo con un prisma muy de aquí. Lo que ocurre es que, como creemos que nuestro prisma es el prisma con el que verán en el futuro los países subdesarrollados, pensamos que lo que nos ocurre a nosotros es lo que les va a pasar a ellos dentro de un tiempo. Tal vez sí o tal vez no. El tiempo lo dirá.
Me ha llamado la atención la reacción de la Conferencia Episcopal. Se está dando, a mi juicio, una cierta suplantación del papel de los obispos. Utlizaremos palabras de Ratzinger en el libro “Informe sobre la Fe”. Dice así: “El decidido impulso a la misión del obispo se ha visto atenuado, e incluso corre el riesgo de quedar sofocado, por la inserción de los Obispos en Conferencias episcopales cada vez más organizadas, con estructuras burocráticas a menudo poco ágiles. No debemos olvidar que las conferencias episcopales no tienen una base teológica, no forman parte de la estructura imprescindible de la iglesia tal como la quiso Cristo; solamente tienen una función práctica, concreta”… La edición del libro es de 1985.

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Acudo a una conferencia de Juan Vallejo sobre la ascensión al Broad Peak, efectuada el verano pasado, en compañía de Zabalza e Iñurrategi. Me inspira. Me agrada el tono con que lo explica, su humanidad, su humildad, su serenidad. Es tan evidente que hacen lo que dicen… Transmitió paz porque supongo que está en paz. Me llamó la atención que disculpara a los medios de comunicación por el poco aprecio que hicieron de esta extraordinaria ascensión al estilo alpino. Vino a decir que lo entendía por no estar obligados a conocer y distinguir las dificultades en la montaña. Alguien le tuvo que recordar en público que no fuera tan humilde, que no diera la impresión de que aquella ascensión, peligrosísima, había sido tan sencilla y fácil como lo había contado. Le felicité al final. Me hace bien escuchar a gentes que están bien consigo mismos. Días antes, otro loco maravilloso -es decir, un auténtico cuerdo- Sergi Ricart, me dejó con la misma impresión. Gracias a los dos.
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Y puestos a recordar, no puedo menos de hablar de Carmen Martinez Bordiú. Pues sí. Le escuché en uno de estos programas rosas, y me llamó la atención la claridad con la que habló de lo que entiende como su relación de pareja. Ella dice ser muy franca y sincera con sus partners: si se cansa o hay otro, se lo dice, corta y no engaña. Su lema viene a ser: “es lo que hay, lo tomas o lo dejas”… Me recordaba la actitud de “los mercados financieros” con respecto a los deudores… Imaginé que es plantearse la relación en términos de oferta y demanda, y en definitiva de poder. Espero no haber interpretado mal y vaya por delante mi respeto. Pero uno se imaginaba el balance final de una vida planteada con ese criterio. Alguien al lado me decía que ese es el mejor camino para terminar solo. El tiempo lo dirá, pero algo me dice que a la larga resulta más práctico ceder y compartir. Es una opinión.

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